Rescate de banqueros o hambrientos, el hambre contra la acumulación de dinero, esta era la alternativa para los gobiernos de los países desarrollados. Aún cuando ahora como por arte de magia se ha borrado del escenario el fantasma de la crisis alimentaria, sin que nadie hiciera un esfuerzo por rescatar del hambre a los millones de africanos y haitianos al borde de la muerte desde hace años, pero que el inicio de la crisis financiera en los Estados Unidos de América (EUA), a mediados de 2007, y el aumento de los precios de las materias primas en Europa, hizo que el mundo recordara que existen; aun cuando, lamentablemente, el mundo desarrollado corrió al rescate de los banqueros y no de los hambrientos.
La crisis financiera no solo han sido quiebras, fusiones, adquisiciones y nacionalización de empresas financieras, también, en una gran parte, especulación en los mercados. Así vivimos todos estos meses antes del estallido de la crisis actual; la especulación hizo que el dólar se devaluará a niveles récord respecto al euro, pero también que los precios del petróleo llegaran a horizontes nunca antes imaginados, luego que se cotizara en 147 dólares, haciendo que las materias primas se convirtieran en refugio de inversionistas ante el desplome de las bolsas, provocando un vertiginoso aumento de los precios, golpeando en primer lugar a las economías europeas, quienes denunciaron la existencia de una crisis alimentaria de la cual ahora nadie habla y de su efecto sobre el aumento de la inflación.
Ahora, en plena crisis financiera, los precios del petróleo siguen cayendo, pero curiosamente el dólar se ha fortalecido respecto al euro, cotizándose en 1.3328 dólares, mientras las bolsas siguen sufriendo la inestabilidad que alimentan los especuladores, pese a los millones de dólares que se han inyectado. Este martes los precios del petróleo han seguido cayendo bajo la sospecha de una caída generalizada de la demanda y de una recesión de la economía mundial.
De esta forma, en Nueva York sus precios se redujeron en 2.67 dólares al cotizarse en 71.58, reduciéndose en 15.63% respecto a su nivel de hace un año; mientras que en Londres, el petróleo Brent del Mar del Norte se cotizaba en 69.43 dólares, 17.21% menos que su precio de hace un año. Mientras que ayer por la mañana en Londres se vendía en 64.56 dólares y en Nueva York en 69.30, acusando una baja de 7.01 y 5.87%, respectivamente. Precios que no son del agrado de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), los que este viernes en Viena se disponen a establecer nuevas cuotas para estabilizar los precios alrededor de los 100 dólares.
Al respecto, el ministro de energía de Irán, Gholam Hossein Nozari, ha declarado el interés de su país de reducir la producción de la OPEP entre 2 y 2.5 millones de barriles diarios, aún cuando el ministro de Qatar, Abdallah Ben Hamad al-Attiyah, ha señalado que una reducción de un millón de barriles diarios sería suficiente para que los precios se situaran entre 70 y 90 dólares, lo que haría que la mezcla mexicana se vendiera por debajo del precio establecido para el 2009 dentro de la Ley de Ingresos.
Pero países como Irán, Argelia y Venezuela, desean una reducción considerable para mantener los precios altos y no será fácil llegar a un consenso y quizá el mundo no vuelva a tener petróleo barato. Actualmente la OPEP produce 28.8 millones e barriles diarios, lo que representa el 40% del consumo mundial. Sin embargo, la caída de la demanda mundial de petróleo, la reducción del dinamismo de la economía planetaria, la crisis crediticia y el miedo de una recesión generalizada están haciendo caer los precisos del petróleo.
La economía china, hasta ahora convertida en el motor de la economía global, ha presentado una tasa de crecimiento del PIB superior al 10% durante los primeros 3 trimestres del año, al crecer en 9% en este último. Acostumbrados los analistas a tasas superiores al 11%, ahora consideran que China no escapará a los efectos de la crisis y reducirá su demanda de petróleo y de materias primas, impactando negativamente a las economías de América Latina y África, alimentando con ello el miedo y la especulación.
Sin duda, podemos afirmar que nada está escrito aún, la economía de mercado y la de los EUA, en particular, están sufriendo cambios estructurales sin precedentes y los cambios propuestos por Nicolas Sarkozy, presidente de Francia y de la Unión Europea, para garantizar la fluidez de crédito a las empresas y garantizar los depósitos a los hogares, sentarán las bases de un nuevo sistema financiero regulado por el Estado y quizá vivamos el inicio de una nueva era del capitalismo, donde los países emergentes puedan superar los estragos de la crisis que sufren los países desarrollados, para convertirse en el motor del crecimiento mundial.
La carrera a la Casa Blanca, después de dos mandatos de George W. Bush y el estallido de la crisis financiera internacional, provocada por la crisis inmobiliaria, marcan el inicio de un cambio en la manera de gobernar y de ver al mundo por parte de los gobernantes de los Estados Unidos de América (EUA). Este país no será más lo que hemos conocido; hundido en la crisis y en un terrible endeudamiento externo que supera los 12.5 billones de dólares y con una deuda pública que representa el 62 por ciento del PIB, está sufriendo cambios estructurales profundos.
El presidente francés y en funciones de la Unión Europea, Nicolas Sarkozy, en su conferencia anual de embajadores, realizada el pasado 27 de agosto pasado, apuntaba: “el corazón del capitalismo mundial ha sido alcanzado, con la perspectiva, de que si no hacemos nada, se producirá una desconexión duradera del crecimiento de los países de la OCDE con el de los países emergentes, por ahora menos afectados… no se pueden dejar a algunas decenas de especuladores poner más en peligro el crecimiento mundial”, y con ello se sumaba a los pedidos de Alemania de regular los mercados.
Desconocido hace cuatro años, Barack Obama encarna hoy el sueño americano y los deseos de justicia de millones de estadounidenses que han perdido todo; es la esperanza de los electores golpeados por la crisis inmobiliaria, por la profundización de la crisis financiera que ha comenzado a expandirse por todo el sistema financiero internacional. Por el lado republicano, John McCain, senador por Arizona y veterano de la guerra de Vietnam, una de las guerras más vergonzosas, representa la continuidad de lo que hasta hoy ha hecho Bush en nombre de la libertad, errores y más errores, guerras que han representado un mayor déficit público, el que este año superará el dos por ciento, lejos de los equilibrios macroeconómicos que había logrado Bill Clinton al concluir su mandato y del prestigio internacional que habían ganado; pero sobre todo un enorme distanciamiento de América Latina, insalvable ahora.
La crisis financiera es parte de la campaña electoral. La crisis parece beneficiar la candidatura demócrata y pulverizar la republicana; las diferentes encuestas realizadas indican que la intención del voto le dan a Obama el 51 por ciento, contra el 46 por ciento de McCain, y no es extraño, los electores consideran a los republicanos son responsables de la crisis, de la pérdida de sus hogares con la crisis inmobiliaria, de su empleo y de su endeudamiento.
Quizá América Latina, y en particular México, podrían caer seducidos por un presidente que habla español como John McCain, pero de poco serviría para que mejoren las relaciones entre los EUA y el resto del continente, como de nada ha servido el bilingüismo de nuestros presidentes, pues no se trata de un problema lingüístico, sino de hegemonía y de la geopolítica de dominación. Con Obama, como con Bill Clinton, nace una pequeña esperanza, la de que finalmente los países de América Latina puedan ser tratados con respeto por los EUA.
Hoy la crisis financiera iniciada en los EUA, no hace más que beneficiar al candidato demócrata y hundir al republicano, que continúa en campaña más por inercia que por convicción; los electores saben bien quiénes son los responsables de este cataclismo político y económico, producido por los desaciertos en política económica, creyendo que la autorregulación de los mercados lo podía todo e inventando guerras para impulsar la demanda con la industria armamentista, sin inundar los mercados de productos y ganándose el odio de todo el planeta, tal como lo señalara el precandidato republicano Ron Paul.
El estallido de la crisis financiera internacional y la búsqueda de medidas para combatirla nos están haciendo olvidar quién ha sido el responsable de ésta. Recordemos que la industria de la construcción había sido el motor del crecimiento de la economía de los Estados Unidos de América (EUA) y la caída de los precios de las inmobiliarias provocaron la crisis de los « subprimes » y el derrumbe de su economía.
Fue el apetito del capital financiero quien creó las bases para la crisis financiera internacional que agobia al mundo hoy. Cuando los bancos se percataron que los créditos otorgados se habían hecho sobre activos devaluados: subprimes, ya era demasiado tarde, el aumento de las tasas de interés detonaron la crisis inmobiliaria a principios de 2007, debido a que la mayoría de los hogares estaban endeudados a tasas variables y muchos de ellos habían adquirido créditos que no podían pagar, otorgados por el interés de los bancos de hacer crecer sus carteras de créditos.
En consecuencia, la crisis financiera actual, no es otra cosa que el resultado de la irresponsabilidad del capitalismo financiero y de una economía de mercado poco transparente, donde el Estado había sido relegado y renunciado a ejercer su función reguladora de la economía.
Hoy, los presidentes de los principales países capitalistas desarrollados de Europa y de América están llamando a rediseñar el sistema financiero internacional y hablan de un nuevo sistema de « Bretton Woods », haciendo referencia a las resoluciones de la conferencia monetaria y financiera de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), efectuada en el « Bretton Woods » en 1944, para definir las reglas que regularían las relaciones comerciales y financieras entre los países industrializados, de la cual surgió el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que estos controlan.
Sin embargo, la agonía y fin de este sistema comenzó en 1968 cuando se creó el doble mercado del oro, al dejar los bancos centrales de intervenir en el mercado del oro, comprando oro entre ellos a precio oficial; mientras que los agentes privados podía adquirirlo sólo en el mercado libre; siendo este el fin del patrón, que constituía el respaldo de los billetes en circulación por una determinada cantidad de oro, con lo cual cada país emisor de su moneda garantiza devolver a quien posea su moneda, la cantidad en oro que representa; con lo cual los bancos centrales convertían en oro sus reservas en dólares.
Posteriormente, en 1971, los países europeos decidieron no intervenir más sobre el mercado del dinero para sostener la paridad del dólar y propusieron la libre flotación de sus monedas; luego en 1971, la convertibilidad de dólar en oro es suspendida; lo que hizo que a finales de ese año, el dólar se devaluara respecto al oro y el resto de las monedas revaluadas.
En 1973 se produjo una nueva devaluación del dólar, lo que hizo que los EUA anunciaran que no intervendrían más para sostener la paridad de su monedad y conducir su política monetaria en función de los intereses de su economía. Después de ese año se supone que la mayor parte de los países adoptaron un tipo de cambio flexible, dejando que la oferta y la demanda determinaran la paridad de sus monedas respecto al resto, aún cuando en la realidad no existe esta libertad de la que se habla en teoría.
Lo cierto es, que en toda esta historia está presente la especulación contra el dólar y del dólar, una moneda que con el nacimiento del euro dejo de ser referencia mundial y que se resiste a pasar al olvido.
Confrontados a la crisis financiera, los principales líderes del mundo han optado por medidas concertadas, que garanticen el sistema de pagos con recursos públicos y apostando a una cumbre internacional para discutir sobre el futuro del sistema financiero internacional. Ha si fue decidido el sábado pasado en « Camp Davis », EUA, por George W. Bushe, Nicolas Sarkozy, presidente de Francia y de la Unión Europea, así como por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso.
Pero pese a la profundidad de la crisis, será difícil llegar a consensos en cualquier cumbre que trate sobre la crisis actual y las medidas para erradicarla. Los europeos desean reformar completamente el sistema financiero vigente, para crear, en contraposición al « Socialismo del Siglo XXI », el « Capitalismo del Siglo XXI », según Sarkozy; mientras que Barroso pretende reformar los principios del sistema capitalista, las regulaciones y las instituciones financieras internacionales.
Pero lo más dramático es que los líderes europeos desean una regulación estricta de los mercados financieros, que podrían marcar el final del FMI y una supervisión bancaria que garantice la transparencia en los mercados y el fin de los paraísos financieros.
Pero en todas las propuestas se habla de regulación de los mercados y de supervisión del sistema financiero; con ello llegaría el fin del libre mercado y el inicio de una nueva era del capitalismo, la del capitalismo regulado y del control del mercado, el uso de este como un instrumento de un nuevo Estado regulador; con lo cual podría haber llegado la hora de América Latina para crear sus propias instituciones financieras y diseñar una nueva forma de dirigir sus economías y coordinar sus acciones, fundar sus propias instituciones financieras.