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Cumbre del G20 y Desintegración de América Latina

El liberalismo exigió durante años eliminar la intervención del Estado en la economía, sin embargo, desde el estallido de la crisis este ha tenido que intervenir para salvar empresas y bancos. La globalización, como una etapa más del proceso de internacionalización de las economías nacionales nacida con el comercio, ha puesto a empresas y países en interdependencia mutua, haciendo necesario coordinar acciones para evitar las externalidades de las medidas unilaterales, por eso la necesidad de concertar acciones para enfrentar la crisis en el Grupo de los 20 (G20).

El G20, se ha convertido en la esperanza del mundo capitalista. Un mundo, que como dice el primer ministro Británico, Gordon Brown, « ha cambiado tanto que es irreconocible, no solo en el transcurso de los diez últimos años sino igualmente en el transcurso de los últimos diez meses…lo que requiere un nuevo enfoque para abordar los nuevos desafíos…pues está claro que la regulación detallada de los mercados financieros a través del mundo no siguió el ritmo de los cambios de la economía mundial ».

El G20 que no es una institución internacional, sino un foro que reúne a los jefes de Estado más poderosos del planeta, para discutir cuestiones claves de la economía global, nació en 1999 bajo el auspicio de Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Rusia, Sudáfrica, Turquía, Reino Unido y Estados Unidos de América (EUA) y la Unión Europea como bloque.

Al estallar la crisis económica mundial y bajo la convicción del presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, de que « el corazón del capitalismo mundial ha sido alcanzado, con la perspectiva, de que si no hacemos nada, se producirá una desconexión duradera del crecimiento de los países de la OCDE con el de los países emergentes, por ahora menos afectados… », el G20 se ha convertido en la esperanza de la economía de mercado para eliminar los desequilibrios generados por los EUA. Para ello, el 14 de marzo los ministros de hacienda y gobernadores de los bancos centrales se reunieron en Inglaterra, a fin de preparar la cumbre del 2 de abril en Londres, acordando acciones concertadas para restaurar el crecimiento global, apoyar el otorgamiento de préstamos y las reformas del sistema financiero; subrayando la necesidad de aumentar los recursos del FMI, recomendando el registro de los fondos especulativos y de las agencias de notación.

Pero cómo hacerlo sin revivir al FMI, quien requiere más de 500 mil millones de dólares para enfrentar la crisis, pues ya ha prestado 50 mil millones a los países en dificultades y solo le quedan 200 mil millones, más 100 mil millones que ya prestó Japón; por lo que se espera que China, que dispone de las reservas más grandes del mundo, más de 2 billones de dólares, escuche este llamado, pues requiere del consumo externo para evitar que su economía caiga por debajo del 8% en 2009, crecimiento necesario para evitar el colapso de su economía, en la que al menos 20 millones han perdido su empleo, después que solo en febrero las exportaciones anuales cayeran en 25.7%.

Para ello, se acordó ampliar los recursos del FMI, pero se oponen Brasil, Rusia, la India y China, mientras la representatividad de los países emergentes y su derecho de voto no aumente, pues los EUA y Europa continúan monopolizando la toma de decisiones y los países en desarrollo solo tienen una insignificante representación, por lo que les sería más fácil crear otro organismo que suplicar una mayor participación.

Se ha hecho un llamado a consolidar el sistema financiero y trabajar en el plan de Washington, invitando a los países del G20 al foro de estabilización financiera (FSF), condición de Rusia, insistiendo en la necesidad de mayor transparencia y regulación del sistema financiero, haciendo alusión a los paraísos fiscales a que se oponen Alemania y Francia. Países como Andorra, Liechtenstein, Austria, Suiza y Luxemburgo, ya han aceptado flexibilizar sus secretos bancarios, pero sin renunciar a ello, pretendiendo que los criterios de la OCDE sean los que rijan.

Las cosas no son fáciles. Mientras los EUA insisten en la necesidad de una reactivación fuerte, rápida y coordinada, al ser los últimos en poner en práctica su plan anticrisis, los ingleses están preocupados por salvar su sistema bancario; los países europeos exigen reglas, disciplina y sanciones dentro de un nuevo sistema financiero; en tanto que los países emergentes desean tener un mayor peso en las instituciones financieras que fueron sus verdugos en los tiempos de crisis y China, con su enorme liquidez, con el control de la economía de los EUA, por ser el principal tenedor de bonos del tesoro (727 mil millones de dólares contra 626 mil millones de Japón) y acreedor de ese país, actúa como arbitro, pero preocupado porque los EUA puedan honrar sus compromisos financieros.

Lo lamentable, es que Brasil parece estar más cerca de los EUA, de Rusia, la India y China, que de Argentina y México en el G20, haciendo a un lado el discurso integracionista, mostrando la incapacidad de México de coordinar acciones y quedando al margen, en una cumbre donde se rediseñarán las bases de un nuevo orden económico internacional, en que como afirma el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, los « Estados Unidos deberían tener un mirar de colaboración con América Latina, pero no de fiscal », pero que ante la crisis ahora « tenemos que arreglar ese daño y hacer que la economía vuelva a funcionar ».

América Latina había señalado en sus cumbres de 2008, la necesidad de enfrentarla en bloque la crisis, pero se ha hecho poco para ello. Mientras los europeos preparan la Cumbre del G20 y el G7 se muestra muy activo, los líderes de América Latina se muestran aislados. Argentina, Brasil y México, miembros del G20, han hecho poco por concertar una posición común, mientras los europeos no han escatimado esfuerzos para ello, pese a que Nicolas Sarkosy tiene la idea de refundar el sistema financiero y al capitalismo; Gordon Brown aboga por una mayor coordinación de los planes de reactivación y Angela Merkel, insiste en supervisón de todos los mercados e instrumentos financieros.

Las propuestas latinoamericanas de crear un Consejo Monetario Mundial, regular el sistema financiero, económico y bancario; de crear un Fondo de Estabilización y Reservas, etc., quizá nunca lleguen a la Cumbre, pues mientras la presidenta de Argentina insiste en la reforma del sistema financiero y eliminar los paraísos fiscales, como España, México repite la necesidad de fortalecer los mecanismos de supervisión como Alemania; de tal modo que los latinoamericanos irán con sus propias agendas y prioridades, mostrando su incapacidad de concertar y defender una postura común que represente los intereses de América Latina en un momento clave, aunque no es tarde para rectificar y proponer una iniciativa en la Cámara de Senadores o de Diputados, que exhorte a México a ir al encuentro de Argentina y Brasil.

 NÚMEROS CLAROS

Artículo del Martes 17 de Marzo

Par Enfoque Global le 17 mars, 2009 dans Análisis Económico de Coyuntura

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