Cuatro meses para fabricar una vacuna
El mundo está colapsado. Ahora no sólo se trata de la crisis alimentaria mundial, que sin ser resuelta desapareció de los medios con la crisis económica mundial; tampoco de ésta última, sobre la que Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial declararon el jueves pasado que hace peligrar el cumplimiento de algunos de los Objetivos de las Naciones Unidas para el Desarrollo del Milenio en muchos países, al divulgar un informe al respecto en la víspera de su reunión semestral conjunta en Washington de este fin de semana; se trata de una crisis mundial de salud provocada por la influenza porcina que ha mutado en los humanos.
La globalización de la economía y de los mercados nos ha permitido acortar las distancias, conversar y vernos en tiempo real; poder viajar con más frecuencia y consumir una gran gama de bienes producidos en cualquier parte del mundo en no importa qué mercado nacional; ha puesto a empresas y gobiernos en una interdependencia recíproca nunca antes vista; pero también ha expuesto al mundo a nuevos peligros, los que surgen producto de los errores de la manipulación genética, del uso de hormonas, como las “vacas locas” y la gripe aviar, por ejemplo; de la utilización de la energía nuclear, Chernobyl, además de los errores de política económica que han provocado la crisis de los “Suprimes” en los Estados Unidos de América (EUA), que al salir de los mercados de ese país y mutó convirtiéndose en una crisis financiera internacional y luego en una crisis económica mundial sin precedentes.
Lo cual ha hecho imprescindible la coordinación y concertación de las políticas y acciones para enfrentar estos desafíos, que están poniendo cada día en peligro la supervivencia de la humanidad y la vida en el planeta. Esta concertación y coordinación debe llevarnos a la reestructuración de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y a la conformación de un gobierno mundial, pues ni el Grupo de los 7, ni el de los 8 ni el de los 20, están en condiciones de gobernar el destino del planeta, al margen de la mayoría de los países.
Hoy la influenza porcina ha puesto en jaque no sólo a México (donde ayer había mil 614 enfermos y se habían producido 103 muertes, de ellas 20 confirmadas por la influenza porcina), que es el país más afectado, sino también a los EU (24 casos); Canadá (4 casos); Colombia (9 casos); España (20 casos); Francia (4 casos); Escocia (2 casos); Nueva Zelanda (10 casos) e Israel (1 caso); además de Brasil (1), Australia, Suiza (5), Italia, Dinamarca (5); Inglaterra (2); Hong Kong (1) y Suecia (5); incluso ha movilizado al mundo contra este virus (H1N1 o A/H1N1 como el que circula en México) y ha obligado a los gobiernos a concertar acciones y destinar recursos para hacerle frente a través de la Organización Mundial de la Salud.
Sin embargo, pese a los avances de la medicina y los recursos financieros para enfrentar esta nueva crisis en la salud mundial, fabricar una nueva vacuna anti-gripal llevaría al menos 4 meses, apresurando todos los procedimientos, de acuerdo a Sanofi Pasteur, el principal laboratorio fabricante de vacunas en el mundo y filial de Sanofi-Aventis. Esto indica que por ahora este brote de influenza porcina deberá ser tratado con el antiviral Tamiflu de Suiza Roche y de Relenza de GlaxoSmithKline. Pero por ahora la OMS sólo ha entrado en contacto con los laboratorios de la empresa suiza Novartis, no obstante hasta ayer lunes no se había tomado ninguna decisión para desarrollar una vacuna, de acuerdo con su vocero.
Ahora se enfrenta el efecto de la voracidad de las empresas y la supervivencia de la raza humana, las que por sacar mayor provecho de los mercados globalizados, han experimentado con animales y frutos para hacerlos crecer o madurar más rápido y poderlos llevar a los mercados, recoger sus ganancias, sin considerar los efectos secundarios sobre los humanos.
Estas experiencias, en medio de la reconfiguración del nuevo orden económico internacional, nos llevan a la necesidad de regular mejor los mercados, no sólo para preservar la estabilidad de la economía mundial, sino para preservar la salud humana y evitar destruir la riqueza acumulada, lo cual no puede ser de otra manera que a través de una nueva organización de las naciones, sin hegemonías de países y empresas sobre ella, sino de la razón humana.
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Par Enfoque Global le 29 avril, 2009 dans Análisis Económico de Coyuntura












