El Fondo Monetario Internacional y las calificadoras parecen estar haciendo el mismo trabajo en medio de la crisis financiera internacional. Primero Standard & Poor’s (S&P) en la primera semana de mayo había puesto bajo observación la calificación crediticia de México, debido a su dependencia de los ingresos petroleros y problemas para elevar sus ingresos tributarios; luego la agencia Fitch Shelly Shetty, señaló que México necesitaba preservar su credibilidad fiscal para mantener su calificación soberana de « BBB- ».
El martes S&P apuntaba que la conformación del nuevo congreso y las medidas aplicadas por el gobierno para reducir la vulnerabilidad fiscal, eran algunos de los factores que estaba valorando, pero que si hubiera « inquietud en relación con la habilidad para que » México financie sus pasivos, entonces « sus calificaciones estarían en rangos mucho menores, como la categoría CCC, que implica suspensión de pagos »; sin embrago, las calificadoras han advertido que si se diera el caso en que llegaran a bajar los ratings de México en un solo nivel, la deuda soberana del país permanecería en el grado de inversión, lo cual es positivo para el país en medio de la crisis económica internacional.
Lo peor de este teatro especulativo que no tiene en cuenta a los hogares y sus dificultades para sobrevivir sin empleo e ingresos para comprar alimentos y pagar sus servicios, es que la semana pasada el Fondo Monetario Internacional (FMI) expresó su preocupación por el déficit fiscal de Colombia, Polonia y México, indicando que esos países podrían tener dificultades para hacerle frente a sus compromisos de deuda, jugando el mismo papel desestabilizador que esas calificadoras de riesgo.
Pero por qué prestarle a un país que corre el riesgo de no poder pagar; cómo explicarnos las declaraciones del director general del FMI, Dominique Strauss-Kahn, cuando México solicitó una línea de crédito por 47 mil millones de dólares para enfrentar los efectos de la crisis a inicio de abril pasado, en el sentido de que « México es un candidato excelente para estrenar esta nueva ayuda, por lo que intentaré tramitarla lo más rápido posible para buscar la aprobación de la dirección ».
La razón es que en América Latina ningún país quiere revivir el pasado y pedirle prestado al FMI, evocar experiencias pasadas que los empobrecieron, cuando el FMI se había convertido en un cadáver y una referencia histórica del viejo sistema financiero mundial, obsoleto para hacer frente a la globalización de la economía y de un nuevo orden económico internacional que está emergiendo con nuevos protagonistas; lo que había hecho que el FMI perdiera su rol de banca de desarrollo mundial y se agotaran sus recursos.
A penas en marzo, FMI había indicado que no tenía recursos para enfrentar la crisis y necesitaba más de 500 mil millones de dólares, lo cual hizo que el G20 acordara duplicar de sus aportaciones y que los países emergentes exigieran una mayor participación en la toma de decisiones a cambio. Hoy los países de la Unión Europea, en su cumbre que inicia este jueves, se preparan para seguir dándole vida al FMI, acordándole una ayuda por 75 mil millones de euros.
El FMI necesita de protagonismo, de tener bajo su dominio países que acepten sus dictados y alimenten su capital, necesita hacerse escuchar y justificar su existencia, quizá por eso revive el fantasma de la crisis de la deuda de 1982, cuando México se declaró insolvente, jugando el mismo rol de las calificadoras, al margen de sus consecuencias.
Pues pese a las dos cumbres del G20, no olvidemos que el sistema financiero internacional no ha sido reformado, que antes de la crisis Alemania y Francia habían insistido en la necesidad de regular los mercados, que nadie los escuchó y los Estados Unidos de América (EUA) se opusieron, dejando la economía mundial en poder de las agencias de notación, las que desde Nueva York otorgan calificaciones a las deudas de los países emergentes, incidiendo así en el costo de sus endeudamientos, provocando temor, desconfianza e incluso resentimiento en los países emergentes, que las acusan a veces de « miopía », tal como lo señaló Ana María Echeverría en « La República », de Uruguay, en su artículo « Las poderosas agencias calificadoras provocan cólera en América Latina », pues para esos países esas notas son decisivas, determinan la prima de riesgo que los inversores pedirán a los gobiernos respectivos, para prestarles dinero fresco.
Lo novedoso es que ahora, en mundo que ha cambiado tanto, no sólo son los países emergentes sus victimas y los que están coléricos, sino también los desarrollados, donde tienen sus bases de operación; pues la especulación no solo ha provocado el alza de los precios del petróleo en 2008 y los alimenta de nuevo, sino que ha generado inflación e inestabilidad en los mercados, llevando a bancos y calificadoras a la quiebra, generando desempleo.
Al respecto, el 20 de septiembre de 2008, el presidente de Brasil, Luis Ignacio « Lula » da Silva, señalaba que « los bancos importantes que estuvieron opinando, diciendo lo que debíamos o no hacer, midiendo el riesgo del país, recomendado a los inversionistas si Brasil era o no confiables, están quebrando…transformaron algunos sectores del sistema financiero en casinos, perdieron en la ruleta, y nosotros no queremos que Brasil sea victima del juego ».
Lo lamentable es que mientras México ha desaparecido de la escena mundial, a no ser por la influenza, Lula se ha convertido en el interlocutor de América Latina y en esta semana ante la Cumbre Mundial por el Empleo, de la Organización Mundial del Trabajo (OIT), cuestionó al FMI y al Banco Mundial al decir que « ustedes son testigos, con las crisis de los años 80 y 90 el Banco Mundial y el FMI tenían todas las soluciones para los países pobres. Cuando la crisis afecta a Estados Unidos, Japón y a Europa no tienen la menor propuesta para solucionarla…los grandes bancos y las instituciones tenían evaluaciones y sabían la situación económica de los países de América Latina y de África, pero no se pararon ni cinco segundos para evaluar su propio riesgo », acotaba; mientras que el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, apuntaba que el capitalismo se había vuelto loco a fuerza de no someterse a ninguna regla, llamando a la regulación de la mundialización como única salida y Sarkozy no es de izquierda ni izquierdista.
Mientras el FMI considera que la economía mundial se contraerá en 1.3% en 2009, el Banco Mundial (BM) el lunes revisaba a la baja sus pronósticos de crecimiento, llevándolos de 1.7% a 2.9%. Esta revisión toca particularmente a los países en desarrollo, donde el crecimiento deberá limitarse a 1.2% en 2009 y 2.1% en 2010. En tanto que el crecimiento de América Latina y el Caribe se caería en 2.3%, para crecer 2% en 2010. Además, el BM alertaba sobre la caída de las inversiones de capital en los países en desarrollo en el 2009 en casi 50%, respecto a 2008.
Estos anuncios muestran la fragilidad del sistema financiero internacional. Sólo al conocer estas proyecciones las bolsas en el mundo se desplomaron y los precios del petróleo, que se situaban por encima de los 70 dólares, cayeron bajo esta barrera. Antes de conocerse el informe del BM, las bolsas de Tokio había obtenido ganancias por 0.41%, Hong Kong 0.77% y Shangai 0.55%; pero luego de conocerse el sombrío panorama en Nueva York, el primer mercado financiero del mundo, el Dow Jones perdía 2.35%, el Nasdaq a caía en 3.35%; en tanto que en Europa todas las bolsas perdía en promedio 3%, Paris perdió 3.04%, Londres 2.57% y Francfort 3.02%; y en América Latina las bolsas seguían la misma tendencia, Buenos Aires perdió 4.07%, Sao Paulo 3.66%, México 3.95%, Lima 5.10%, mientras Caracas terminaba estable. El martes, las bolsas continuaban a la baja en lo principales mercados y en la mañana del miércoles éstas se mantenían en niveles positivos.
Los precios del petróleo que habían rebasado los 70 dólares por barril el viernes pasado se contrajeron y se situaron por debajo de los 70 dólares. El West Texas Intermedio (WTI) se vendía el martes en 67.98 dólares el barril y mostraba una caída de 0.56% respecto a su precio del lunes, en tanto que el miércoles por la mañana se vendía en 68.49 dólares. En Londres el barril del petróleo BRENT, se vendía el martes en 66.94, 0.52% dólares menos que el lunes y este miércoles se situaba a medio día en 67.47. Esto influyó en el precio de la mezcla mexicana de petróleo que se vendió en 61.63 dólares por barril el lunes, 2.91 dólares menos que el viernes y el martes se recuperaba al venderse en 63.19.
Pero no solo es el BM quien ha corregido sus expectativas, también la OCDE lo ha hecho ayer miércoles, situando el crecimiento de los 30 países miembros, México incluido, en 0.7%, en lugar del 0.1% anunciado en marzo. La OCDE considera que el comercio mundial que ha caído en 16% en lo que va del año, crecerá al final para crecer en solo 2.1% en 2010 y que el desempleo llegará al 9.8% en la zona de la OCDE y a 10.1% en los Estados Unidos y 12% en la zona del euro. Pero no todo es sombrío, el gobierno chino informó que su economía había crecido en 6.1% en el primer trimestre de este año y llegaría a 6.5% en los primeros 6 meses, esperando que en el segundo lo haga en 7%.
Lo cierto es, que el aumento de los precios del petróleo de los último días, su reciente caída y el comportamiento de las bolsas de valores ante los anuncios hechos por el BM este lunes, parecen demostrar la fragilidad de la economía mundial, los inversionistas están nerviosos y van de los mercados de materias primas al de acciones, de este al otro, en busca de seguridad para sus capitales. Mientras los organismos internacionales realizan sus pronósticos, viendo en su bola de cristal, materializada en sus modelos econométricos; tratando de adivinar la suerte de la economía mundial y de los países, inyectando más especulación a los mercados, en lugar de emprender acciones concretas, para que en el seno de la ONU se comiencen a discutir las medidas para reformar el sistema financiero mundial.
El economista en jefe del FMI, Olivier Blanchard, en una entrevista a Nicolas Barre Et Richard Hiault, del diario de negocios francés “Les Echos”, señalaba esta semana que “temía que los mercados se volvieran locos ante el endeudamiento de ciertos estados”, enfatizando que la reducción de los flujos de capital hacia las economías de los países emergentes no era evidente y le “concierne a todos los países. Los flujos privados están en regresión neta. Al último trimestre 2008, las cifras son apabullantes. Las estadísticas de las que disponemos para el primer trimestre 2009 son netamente más favorables. Asistimos a una caída de su tendencia. Qué uno lo observa en las emisiones de obligaciones de Estado y, más generalmente, en las emisiones de préstamos de obligaciones privadas o aún más en las emisiones de acciones. El retorno es mucho más rápido que lo que se podía considerar algunos meses antes. El problema está en los créditos bancarios, donde la vuelta a la normalidad es más lenta…”, concluía. Lamentablemente, si no se estabilizando los mercados y se sigue alimentando la especulación, no solo México sufrirá las consecuencias, como lo acaba de hacer ante las declaraciones del FMI, que dudan de su capacidad de pago, sino la mayoría de los países desarrollados donde la crisis se está ensañando con más y más desempleados.
La experiencia de Honduras, un país gobernado hasta hace poco tiempo por militares, muestra lo endeble de la democracia en América Latina y el Caribe y la debilidad de sus instituciones. Los que vimos en los años sesenta y setenta en el mundo a los movimientos de liberación nacional batirse contra el colonialismo y neocolonialismo por su independencia, los que vimos a los movimientos políticos y sociales en los países latinoamericanos luchar contra las dictaduras militares que oscurecieron la historia del continente y por la democracia, no podemos aceptar la parodia que legisladores y militares han montado en Honduras ni ocultar las nauseas que sus mentiras y comportamiento nos provocan.
La vieja y trasnochada clase política de Honduras y lo que queda de los gorilas militares que gobernaron a Honduras durante décadas hasta hace 28 años, olvidaron que el mundo ha cambiado y que en el propio Estados Unidos con Obama, se está produciendo un cambio en sus relaciones con América Latina y el Caribe, por lo que ésta vez no tendrán el apoyo de Washington ni su protección y si su condena por el golpe de Estado y la ruptura de los causes democráticos de la vida institucional en ese país; tal como lo han condenado todos los países del continente y la Unión Europea.
Ha sido vergonzoso para la democracia en América Latina acudir este fin de semana a un espectáculo circee en el congreso nacional de Honduras, observar los alegatos de los congresistas y peroratas, tratando de curarse en salud de sus acciones e insistirle al mundo que no había un golpe de Estado, sino de transición democrática a un problema constitucional. Sí hubiera sido así, cómo explicarse la detención y expulsión en pijama de su país del presidente electo, Manuel Zelaya; cómo explicarse la existencia de una renuncia firmada el 25 de junio por el presidente en ese congreso, sin que el presidente la hubiera firmado. Es obvio que Roberto Michelletti, presidente del congreso y hoy presidente de facto de Honduras, ha sabido encaminar su rencor y odio contra Zelaya, luego que hace 6 meses no ganara la precandidatura del partido liberal a las próximas elecciones del 29 de noviembre y se profundizaran las discrepancias entre ellos. Sus intervenciones en el congreso de su país, al recibir la designación de presidente por el congreso y luego en su discurso al asumir la presidencia, agradeciendo a sus amigos que portaron uniformes en otros tiempos y lo han apoyado ahora para llegar a fortalecerlo en su lucha, todo ello muestra lo mezquino de las disputas por el poder y de lo que están dispuestos a hacer aquellos que lo desean, en México aún están abiertas las heridas de los asesinatos políticos que antecedieron la presidencia de Ernesto Zedillo.
Así, se ha sentado un precedente negativo para la democracia en América Latina, en el cual el poder judicial y legislativo, pueden deponer al presidente, representante del poder ejecutivo, si discrepan con sus posiciones o sus acciones, usando para ello al ejercito. Será este el nuevo formato de los golpes de Estado que le esperan a América Latina. Sí el narcotráfico y el crimen organizado llegara a controlar en México a uno de los poderes, usarían este poder para oponerse al otro que los combate, para someterlo. Evidentemente ésta no es la democracia a la que aspiramos.
Pero en Honduras vemos una clase política despótica que desprecie la voluntad popular y su fuerza, que los ha llevado a asumir cargos de elección popular y en muchos casos amasar su riqueza con ello. Qué tan lejos está México de un escenario igual al que hoy nos muestra Honduras y cuál es realmente la fortaleza de las instituciones creadas después de la revolución de 1917, en particular para resistir estos embates y combatir la ilegalidad. En México, las próximas elecciones del 5 de julio, mostrarán el nivel de descontento popular con la clase política que ha amasado su riqueza reciclándose en los diferentes niveles de gobierno, asumiendo uno y otro cargo público, al margen de su capacidad y que exige la reelección de los legisladores, enquistada en el corazón de la patria, viviendo de por vida del erario público y haciendo de las instituciones del gobierno su propiedad privada, su exclusividad, despreciando la capacidad de los ciudadanos para gobernarse y dirigir las funciones del Estado. Pero ello, ni lo cerrado de las elecciones presidenciales pasadas ni los resultados de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, pueden ser excusa para un golpe de Estado.
Es imprescindible aprender de la experiencia de Honduras y no esperar a que se presenten circunstancias similares en México. Hoy ante la posibilidad de que tengamos el primer congreso no representativo de la voluntad popular, es inaplazable refundar al Estado y sus instituciones y delimitar las funciones entre los diferentes poderes, pues al margen de que el presidente tenga mayoría o no dentro del congreso, es necesario rescatar lo que en Francia fue una premisa del poder durante los últimos años: la cohabitación. Nada justifica hoy un golpe de Estado menos aún el desprecio a la voluntad popular.