Doscientos años después del inicio de la guerra contra España por la independencia y cien años más tarde del comienzo de la revolución de 1910, México está inmerso en una guerra contra el narcotráfico y el crimen organizado, expresión de la descomposición de la sociedad mexicana y de la falta de alternativas de estudio y empleo de millones de mexicanos que, ante la falta de alternativas políticas para luchar por los cambios estructurales que exige la transformación económica y social de México, se suman cada día a las filas paramilitares de los diferentes carteles que operan en el país. Ninguno de esos carteles surgieron de manera espontanea, son la expresión de la descomposición social que está viviendo México desde hace varios años, caracterizada por la falta de oportunidades para estudiar, trabajar y obtener un salario digno de millones de mexicanos.
Pero también, esto es la consecuencia de la carencia de alternativas políticas para los ciudadanos, a través de las cuales puedan luchar por la transformación del país y no por el encumbramiento político individual y mezquino como sucede actualmente, gracias a que los partidos políticos se han convertido en un medio para ello, aglutinando una clase política que ha hecho de la política una forma de vida y se ha convertido en parásito de la sociedad para servirse de ella. Las medidas anunciadas ayer jueves por el presidente de México para luchar contra el narcotráfico, el crimen organizado y el lavado de dinero, han sido bien recibidas por la comunidad internacional, en medio del anuncio trágico del asesinato de inmigrantes ilegales en Tamaulipas, que pusieron los ojos de todo el planeta sobre la evolución de los hechos en México, y seguramente ahora será objeto de discusión entre quienes habían criticado la falta de ellas para tocar la columna vertebral del crimen organizado: el lavado de dinero.
El lavado de dinero, conocido también como lavado de capitales, de activos, blanqueo de dinero o capitales, etc., es el medio por el cual se oculta la procedencia de cuantiosos recursos financieros, originado en actividades ilegales como tráfico de drogas, contrabando de armas, corrupción, desfalco, fraude fiscal, crímenes de cuello blanco, prostitución, malversación pública, extorsión, trabajo ilegal, piratería, etc.. Así hemos visto salir más de un nuevo rico al concluir un sexenio y no siempre relacionado con el crimen organizado. Pero ahora se trata de limitar las actividades del crimen organizado, quien ha encontrado diversas formas de lavar dinero en México, por medio de transferencias electrónicas, cambio de dólares en casa de cambio, tarjetas de prepago, etc. El presidente Felipe Calderón ha fincado su propuesta para luchar contra el lavado de dinero en cuatro ejes estratégicos, que como él ha dicho, sin duda modificará “muchos hábitos de la vida económica del país”, pero sin medidas como estas será imposible frenar lo que parece imposible, pues como lo señala “el dinero ilícito es vital para los criminales y es vital también para financiar sus actividades, este dinero que se obtiene de manera ilegal se introduce de manera relativamente accesible hasta ahora en nuestra economía formal”. Sin embargo, la iniciativa de Ley federal para la prevención e identificación de operaciones con recursos de procedencia ilícita y de financiamiento del terrorismo, por si solo no será suficiente para frenar las actividades criminales, hará falta no solo su aprobación por el congreso y las correcciones correspondientes, sino también establecer los mecanismos para aplicarla y hacerla cumplir, de lo contrario se abrirá una nueva fuente de corrupción y una vía para fomentar en enriquecimiento ilícito de nuevos funcionarios, en un cuento de nunca acabar en el país.
Escrito por José Luis Ortiz Santillán Jueves, 26 de Agosto de 2010 22:49
El desempleo es la mejor expresión de la crisis. Hemos citado ya en otro artículo como en 2009 antes de iniciar la tercera Cumbre del Grupo de los 20 (G20) en Pittsburgh, Estados Unidos, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, señalaba que Francia no saldría de la crisis sino hasta que el desempleo comenzara a bajar; pues no se podía decir que la crisis había terminado cuando el desempleo seguía aumentando y los ingresos de los hogares reduciéndose.
No hay mejor expresión para calificar la permanencia de la crisis que este criterio y no viene de un presidente de izquierda precisamente, aunque Sarkozy de pronto lo parece en sus declaracines sobre la crisis y su defensa de la reformas al capitalismo.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) ha señalado que en el segundo trimestre de 2010 la tasa de desempleo fue de 5.3%, de una Población Económicamente Activa (PEA) de 47.1 millones de personas mayores de 14 años aptas para trabajar. Esta tasa de desempleo abierto solo incluye a las personas que, al momento de realizar la encuesta, al menos hayan trabajado seis horas a la semana, pero seguramente muchos lectores jamás han sido encuestados.
Con ello, en el segundo trimestre del año habría en el país solamente 2 millones 496 mil 300 personas sin empleo; cifra que no sería preocupante si fuera real, pues países como los Estados Unidos registraron una tasa de desempleo de 9.5% en los dos últimos meses, por lo que sí su PEA es de 153 millones 560 mil personas, habría 14 millones 588 mil 200 desempleados en julio pasado. Otros países como España y Grecia registraron en el segundo trimestre tasas de 20.09% y 12%, respectivamente, que seguramente están más cerca de la realidad.
Pero todo parece indicar que, pese al los datos del crecimiento de 7.6% en el segundo trimestre de este año, la profundidad de la crisis en México es mayor de lo que se dice oficialmente y que los datos sobre el desempleo están lejos de la realidad.
La población subempleada, aquella que al momento en que INEGI levantó la encuesta declaró tener necesidad y estar dispuesta a trabajar más horas que las demandaba sus empleos en ese momento, llegó a 8.9% de la PEA, esto es 4 millones 191 mil 900 personas estaba trabajando en condiciones críticas de ocupación, que podría ser más realista que la tasa de 5.3%.
Sin embargo, si consideramos los datos que proporcionó la Confederación Patronal de la República Mexicana (COPARMEX) la semana pasada, donde señala que de los 20 millones de jóvenes existentes, en promedio, al menos existen 8 millones de ellos que no trabajan ni estudian y además, observamos la información de INEGI que señala la existencia de 12.8 millones de personas que laboran en la economía informal, equivalente al 27.2% del total de la PEA, al menos existen en el país 20.8 millones de personas sin un trabajo formal y 25 millones que no están plenamente incorporadas al mercado laboral formal y en consecuencia carecen de seguridad social.
Lo lamentable de estas cifras es que el bono demográfico, que debería estar siendo capitalizado por México para impulsar su crecimiento y desarrollo, para generar la riqueza sobre la cual debe sustentarse en el futuro la seguridad social, hoy está siendo tirado a la basura. La Encuesta Nacional de Juventud ha señalado que el 50% del total de los jóvenes en México están hoy sin trabajo y la mitad de los desempleados son jóvenes.
Bajo este contexto, valdrá la pena alegrarnos con los anuncios sobre el fin de la crisis y el inicio de la era del crecimiento económico sostenido, cuando millones de mexicanos están desempleados y marginados de las estadísticas laborales, muchos de ellos empujados a engrosar las filas del crimen organizado.
Creo que el presidente de Francia es sensato cuando dice que la crisis habrá terminado cuando cese el desempleo y en México cuando reduzca el impacto del crimen organizado y la deliencuencia sobre los ciudadanos, sobre la sociedad, o al menos es más realista esa postura del presidente francés que festejar el fin de la crisis cuando millones de hombres y mujeres se ven enfrentados al hambre o a delinquir para sobrevivir.
Escrito por José Luis Ortiz Santillán Lunes, 09 de Agosto de 2010 22:29
NÚMEROS CLAROS
El llamado hecho por Fidel Castro este fin de semana en la Habana para luchar por la paz y la razón, por la raza humana y la vida, no debería ser tomado como retórica y menos, situarlo en el contexto de la lucha ideológica, pues al margen de la ideología hoy es preciso redoblar los esfuerzos por la paz y la vida en el planeta y no usar la guerra como medio para salir de la crisis económica actual, pues la industria armamentista genera ingresos y al no aumentar la oferta de productos en los mercados, permite reactivar el consumo interno de cualquier país, pero la raza humana no merece esto, cuando millones de personas ya enfrentadas a desastres naturales y el hambre.
La crisis económica internacional, la crisis alimentaria y ecológica mundial son partes de la crisis del sistema económico actual. La economía de mercado está enferma, pero no es la guerra la solución de la misma. Pese a las reformas recientemente iniciadas, después de tres años de haber estallado, el planeta sigue esperando soluciones para ponerle fin y diseñar un nuevo orden económico internacional que inevitablemente deberá surgir; sólo ello podrá detener el empeoramiento de la situación alimentaria mundial y el deterioro del medio ambiente que amenaza la vida en el planeta con más y más catástrofes naturales como los incendios en Rusia, las inundaciones en Asia, América Latina y México.
En septiembre de 2009 el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva, hacía un llamado a establecer un nuevo orden mundial, sostenible, donde prevaleciera un mundo más justo, multipolar y poniendo en práctica la integración, destacando que « sesenta años después, el mundo no puede regirse por las mismas normas y valores dictadas tras la segunda guerra mundial » y exhortando a construir un nuevo orden mundial como un imperativo político y moral; consciente de que la crisis económica mundial es también una crisis de dogmas, pues era absurdo pretender que los mercados puedan autorregularse sin la intervención del Estado, como se había pretendido.
Justo antes de la Cumbre de Pittsburgh del Grupo de los 20 (G20), el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, manifestaba su determinación a poner fin a los paraísos fiscales y a los bonos que cobran los banqueros y lejos de pensar que el fin de la crisis económica había llegado en ese entonces, él señalaba que Francia no saldría de la crisis sino hasta que el desempleo comenzara a bajar; pues no se podía decir que la crisis ha terminado cuando el desempleo sigue aumentando y los ingresos de los hogares siguen reduciéndose, ya sea porque muchas personas han perdido su empleo o porque las medidas de política económica, con el aumento de los impuestos o la reducción de los salarios, como México o en Grecia, lo han propiciado. Y sobre esto, los recientes datos sobre el desempleo en los Estados Unidos nos dan la razón sobre la permanencia de la crisis.
Pero los llamados no han sido suficientes. En las sesiones de la 64ª Asamblea General de la ONU de 2009, muchas intervenciones estuvieron marcadas por la exigencia de reformas no sólo a la economía capitalista mundial, que como Lula señalara en la ONU, la « libertad absoluta para los capitales, incapaces de luchar contra la pobreza y la desigualdad », exige reformas inmediatas y sería un grave error que « la historia no nos perdonaría », si no se le hace frente a la crisis económica global, si no se reforma al Consejo de Seguridad de la ONU, a las instituciones multilaterales globales, con el fin de crear un nuevo orden económico y político mundial.
Pero para ello, esto implica tener como objetivo preservar la paz en el planeta, garantizar la supervivencia de la raza humana y de la vida en la tierra. La crisis ecológica desatada en el Golfo de México con la fuga de más de 5 millones de barriles de petróleo, por la voracidad y la corrupción en la empresa British Petroleum (BP), nos muestran que la extracción del petróleo en aguas profundas pone en peligro la vida y es un imperativo llegar a acuerdos internacionales para el uso pacífico de la energía nuclear, una de la alternativas para sustituir de una vez por todas el escaso petróleo que aún queda en el planeta y que en 20 años, cuando se agote, nos hará depender de los países que dispongan de energía nuclear o eólica.
Por eso es preciso no sólo salir de la crisis económica internacional, sino refundar la ONU y crear un nuevo orden económico y político internacional, que nos permitan hacer frente común a los retos que enfrenta hoy la raza humana y no seguir invirtiendo millones de dólares para continuar destruyendo la vida en el planeta, con el pretexto de la lucha contra el terrorismo.