20 octobre, 2010
Luego de dos años de crisis y recesión, la economía mundial sigue sumergida en una de las crisis más profundas y los signos de recuperación económica se diluyen ante la debilidad de la recuperación de los mercados del trabajo, los cuales reflejan de mejor forma la profundidad de la crisis estructural que está enfrentando el capitalismo. El uso de la política fiscal y monetaria continúan siendo los instrumentos preferidos para luchar contra la crisis, pero ante la poca eficacia de estos, los gobiernos comienzan a verse tentados a usar la política cambiaria, frente a los éxitos de China en el comercio y la subvaluación del yuan. Así parece dejarlo entrever la polémica desatada desde hace varios años por la posición del yuan chino frente al dólar y el euro.
Pero la situación de la economía mundial hoy va más allá de una disputa monetaria, en realidad se trata de la inaplazable necesidad de reformar el sistema monetario internacional, donde el dólar continúa teniendo el señorío sobre el resto de las monedas. Los problemas estructurales de la economía capitalista que provocaron la crisis y exigían cambios estructurales radicales y urgentes para modernizarlo siguen latentes y son necesarias para poner el sistema a la altura de las exigencias del nivel del desarrollo científico-técnico alcanzado hasta hoy por la humanidad, pero se siguen postergando, a pesar de la urgencia de los llamados de los dirigentes de Francia, Alemania, Brasil, Rusia, la India y Chine. Han sido esos países los que insisten en la necesidad de avanzar en las reformas estructurales e invitando a los presidentes de Gran Bretaña y los Estados Unidos a trabajar para ello.
El capitalismo requiere reformas de sustanciales, en particular en los mercados financieros, para regular las actividades bancarias, las agencias calificadoras y los movimientos de capital, así como para revisar y modificar la composición de los consejos de dirección de los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericanos de Desarrollo (BID), entre otros, donde hasta hoy son los países desarrollados quienes los controlan.
La incapacidad de los países desarrollados para salir de la crisis parece estar orillándolos a desatar una guerra de divisas, en particular contra el yuan chino. El presidente Barack Obama desea que las exportaciones estadounidenses doblen en cinco años, objetivo que no podrá lograrse sin que se produzca una devaluación competitiva del dólar; sin embargo, mientras eso sucede el gobierno de los Estados Unidos continúa vendiendo dólares sin ton ni son y sin preocuparse por la inflación, la cual según el Departamento de Trabajo en septiembre pasado fue de solo 0.1%, lo que le ofrece un gran margen de maniobra.
Lo que sucede con las devaluaciones competitivas es que al producirse, hacen las mercancías más baratas e incrementan las exportaciones y desestimulando las importaciones. En la guerra entre las monedas, más de un organismo internacional ha dejado entrever que los países mejorarían su desempeño económico si devaluaran sus monedas; pero paradójicamente, el gobierno mexicano que ha insistido en hacer valer las leyes del mercado, puro y duro, para regular el funcionamiento de la economía, pese al discurso de la libre flotación del peso continúa interviniendo en el mercado cambiario para sostener la cotización del peso frente al dólar, de tal suerte que la sobrevaluación del peso frente al dólar, en el mes de agosto, se encontraba 20.5% por encima de su valor real, el cual indica que si el Banco de México dejara de intervenir en el mercado cambiario, el peso se cotizaría al menos en 15.3 pesos por dólar, lo cual sería positivo para las exportaciones mexicanas, para los empresarios y la creación de empleos.
Lamentablemente esto no puede suceder, pues el gobierno y el Banco de México, quien orienta su política monetaria en base a objetivos de inflación, tienen terror a la inflación, pese a que en septiembre solo fue de 3.7%. De tal modo que la terquedad de mostrar indicadores positivos sobre el desempeño de la economía nacional, está conduciendo al país a postergar su recuperación económica, a la pérdida de competitividad de las exportaciones mexicanas frente a las chinas, a la pérdida de mercados y a mayor desempleo; pues si los productos mexicanos fueran más baratos habría una mayor demanda de productos mexicanos, mayor demanda de fuerza de trabajo y mayores ingresos para los hogares.
Par jlos le 20 octobre, 2010 dans Análisis Económico de Coyuntura
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19 octobre, 2010
Todos hemos vivido la emoción del rescate de los 33 mineros chilenos y no hemos podido obviar el recuerdo de los 65 mineros mexicanos que murieron en la mina Pasta de Conchos el 19 de febrero de 2006. Sin embargo, frente a la alegría del descubrimiento de los mineros chilenos con vida y del inicio de las operaciones de rescate, los medios nacionales en México callaron y enterraron en el olvido el caso de los mineros mexicanos, seguramente muertos con la esperanza de ser rescatados, quizá cayendo uno a uno en el sueño de la muerte y dejando que la esperanza del rescate se desvaneciera, tal como luego sucedió en la superficie entre las discusiones burocráticas y los cálculos financieros del rescate…
Como si la censura los hubiera hecho callar o hubieran perdido la memoria, solo algunos intrépidos comentaristas se atrevieron a recordar la incapacidad de las autoridades mexicanas y de los empresarios del Grupo México, que prefirieron dejar enterrados a los 65 mineros mexicanos en 2006 que incurrir en gastos irrecuperables para ellos. Entre los osados comentaristas y periodistas se encontraba Carmen Aristegui, quien el miércoles 13 y el jueves 14, en su programa matutino en MVS, recordara esta triste página de la historia de México y de la impunidad, que ha dejado enterrados no solo a los mineros de Pasta de Conchos, sino al propio caso abierto en la PGR, entre los archivos de innumerables eventos impunes sin resolver en México.
Aristegui entrevistó al obispo de Saltillo, Raúl Vera, quien lejos de perder su tiempo en discusiones estériles sobre la homosexualidad o perderse en casos de pederastia, como muchos de sus colegas, ha sido consecuente con sus creencias religiosas y ha estado con las familias de los mineros incondicionalmente. Raúl Vera explicó cómo, pese al olvido, él ha continuado dando seguimiento a esa tragedia ocurrida en Coahuila el 19 de febrero de 2006, en la que quedaron enterrados 65 mineros a sólo 150 metros, no fueron ni siquiera los más de 600 metros que cubrieron a los mineros chilenos en la mina San José, los que hoy están de nuevo en la superficie de la tierra vivos, gracias al empeño responsable de un presidente que jamás renunció a su deber, sentando un precedente y dando un ejemplo a todos los presidentes, al menos de América Latina.
El obispo Raúl Vera se lamentaba que las autoridades del gobierno federal y los empresarios dueños de la mina Pasta de Conchos, pensaran que no valía la pena arriesgar a vivos para rescatar muertos, que no tuvieran la fuerza y dedicación que los mineros y el gobierno chileno han tenido para llevar esta empresa hasta el final, para lograr lo que en un inicio parecía imposible. Y frente a ello, no podemos dejar de pensar en ¿cuánto tiempo sobrevivieron los mineros mexicanos esperando y con la esperanza de ser recatados?
La esperanza parece ser la palabra clave del presidente de Chile y de los chilenos hoy, no solo por el nombre del campamento que levantaron, sino por la esperanza capaz de materializarse en los hechos, la que logró el rescate. Sebastián Piñeira, hoy presidente de Chile, cuando supo que había ganado las elecciones en su discurso decía que « hoy, la mayoría de los chilenos habló con claridad y se expresó por el cambio, el futuro y la esperanza », nadie imaginaba entonces que meses después mostrara con hechos que su gobierno es, en efecto, el gobierno de la esperanza materializada en la realidad, la que quizá hoy ha puesto a la mayoría de los chilenos tras él.
En la noche del martes, al producirse la extracción de los mineros atrapados en la mina San José, en el desierto de Atacama, decía que « la esperanza es el sueño de los vivos » y con ello indicaba que para lograr un sueño no sólo hay que desearlo, si no trabajar para lograrlo y pero durante el día frente a los familiares de los mineros apuntaba « dijimos que no nos rendiríamos y no lo hicimos…dijimos que no dejaríamos de buscarlos y los encontramos » y señalaba que ahora el paso es sacarlos de la mina y lo hizo. Ello demuestra que un presidente no debe usar la retórica para gobernar, porque son los hechos los que hablan de su gobierno, la retórica con el tiempo queda en el olvido y la vergüenza.
Frente a estos hechos, que lamentable es ahora el leer que el presidente de México, Felipe Calderón, expresara el martes 12 pasado su « beneplácito por el rescate de los primeros mineros que permanecieron atrapados bajo tierra 69 días en una mina ubicada en el desierto chileno de Atacama » y dijera que era « Impresionante, emocionante, el rescate de los mineros. ¡Viva Chile! ¡Viva la esperanza de que el hombre puede superar cualquier dificultad! »; cómo pueden los familiares y millones de mexicanos entender esto, cuando en México el gobierno tuvo la oportunidad de trascender en la historia en Pasta de Conchos y no asumió el rol que le correspondía, como lo ha hecho el presidente de Chile, Sebastiánan Piñeira. Parece mentira ver como el presidente chileno, un empresario, ha tenido el valor y el tesón para ir hasta las últimas consecuencias para rescatar a 33 mineros enterrados a más de 600 metros y que en México no se pudieron rescatar 65 mineros a solo 150 metros.
Par jlos le 19 octobre, 2010 dans Análisis Económico de Coyuntura
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