150 a 600 metros dista la vergüenza de México y el orgullo de Chile
Todos hemos vivido la emoción del rescate de los 33 mineros chilenos y no hemos podido obviar el recuerdo de los 65 mineros mexicanos que murieron en la mina Pasta de Conchos el 19 de febrero de 2006. Sin embargo, frente a la alegría del descubrimiento de los mineros chilenos con vida y del inicio de las operaciones de rescate, los medios nacionales en México callaron y enterraron en el olvido el caso de los mineros mexicanos, seguramente muertos con la esperanza de ser rescatados, quizá cayendo uno a uno en el sueño de la muerte y dejando que la esperanza del rescate se desvaneciera, tal como luego sucedió en la superficie entre las discusiones burocráticas y los cálculos financieros del rescate…
Como si la censura los hubiera hecho callar o hubieran perdido la memoria, solo algunos intrépidos comentaristas se atrevieron a recordar la incapacidad de las autoridades mexicanas y de los empresarios del Grupo México, que prefirieron dejar enterrados a los 65 mineros mexicanos en 2006 que incurrir en gastos irrecuperables para ellos. Entre los osados comentaristas y periodistas se encontraba Carmen Aristegui, quien el miércoles 13 y el jueves 14, en su programa matutino en MVS, recordara esta triste página de la historia de México y de la impunidad, que ha dejado enterrados no solo a los mineros de Pasta de Conchos, sino al propio caso abierto en la PGR, entre los archivos de innumerables eventos impunes sin resolver en México.
Aristegui entrevistó al obispo de Saltillo, Raúl Vera, quien lejos de perder su tiempo en discusiones estériles sobre la homosexualidad o perderse en casos de pederastia, como muchos de sus colegas, ha sido consecuente con sus creencias religiosas y ha estado con las familias de los mineros incondicionalmente. Raúl Vera explicó cómo, pese al olvido, él ha continuado dando seguimiento a esa tragedia ocurrida en Coahuila el 19 de febrero de 2006, en la que quedaron enterrados 65 mineros a sólo 150 metros, no fueron ni siquiera los más de 600 metros que cubrieron a los mineros chilenos en la mina San José, los que hoy están de nuevo en la superficie de la tierra vivos, gracias al empeño responsable de un presidente que jamás renunció a su deber, sentando un precedente y dando un ejemplo a todos los presidentes, al menos de América Latina.
El obispo Raúl Vera se lamentaba que las autoridades del gobierno federal y los empresarios dueños de la mina Pasta de Conchos, pensaran que no valía la pena arriesgar a vivos para rescatar muertos, que no tuvieran la fuerza y dedicación que los mineros y el gobierno chileno han tenido para llevar esta empresa hasta el final, para lograr lo que en un inicio parecía imposible. Y frente a ello, no podemos dejar de pensar en ¿cuánto tiempo sobrevivieron los mineros mexicanos esperando y con la esperanza de ser recatados?
La esperanza parece ser la palabra clave del presidente de Chile y de los chilenos hoy, no solo por el nombre del campamento que levantaron, sino por la esperanza capaz de materializarse en los hechos, la que logró el rescate. Sebastián Piñeira, hoy presidente de Chile, cuando supo que había ganado las elecciones en su discurso decía que « hoy, la mayoría de los chilenos habló con claridad y se expresó por el cambio, el futuro y la esperanza », nadie imaginaba entonces que meses después mostrara con hechos que su gobierno es, en efecto, el gobierno de la esperanza materializada en la realidad, la que quizá hoy ha puesto a la mayoría de los chilenos tras él.
En la noche del martes, al producirse la extracción de los mineros atrapados en la mina San José, en el desierto de Atacama, decía que « la esperanza es el sueño de los vivos » y con ello indicaba que para lograr un sueño no sólo hay que desearlo, si no trabajar para lograrlo y pero durante el día frente a los familiares de los mineros apuntaba « dijimos que no nos rendiríamos y no lo hicimos…dijimos que no dejaríamos de buscarlos y los encontramos » y señalaba que ahora el paso es sacarlos de la mina y lo hizo. Ello demuestra que un presidente no debe usar la retórica para gobernar, porque son los hechos los que hablan de su gobierno, la retórica con el tiempo queda en el olvido y la vergüenza.
Frente a estos hechos, que lamentable es ahora el leer que el presidente de México, Felipe Calderón, expresara el martes 12 pasado su « beneplácito por el rescate de los primeros mineros que permanecieron atrapados bajo tierra 69 días en una mina ubicada en el desierto chileno de Atacama » y dijera que era « Impresionante, emocionante, el rescate de los mineros. ¡Viva Chile! ¡Viva la esperanza de que el hombre puede superar cualquier dificultad! »; cómo pueden los familiares y millones de mexicanos entender esto, cuando en México el gobierno tuvo la oportunidad de trascender en la historia en Pasta de Conchos y no asumió el rol que le correspondía, como lo ha hecho el presidente de Chile, Sebastiánan Piñeira. Parece mentira ver como el presidente chileno, un empresario, ha tenido el valor y el tesón para ir hasta las últimas consecuencias para rescatar a 33 mineros enterrados a más de 600 metros y que en México no se pudieron rescatar 65 mineros a solo 150 metros.
Par Enfoque Global le 19 octobre, 2010 dans Análisis Económico de Coyuntura












