Sin intervención el peso mexicano se cotizaría en 15.3 pesos por dólar…
Luego de dos años de crisis y recesión, la economía mundial sigue sumergida en una de las crisis más profundas y los signos de recuperación económica se diluyen ante la debilidad de la recuperación de los mercados del trabajo, los cuales reflejan de mejor forma la profundidad de la crisis estructural que está enfrentando el capitalismo. El uso de la política fiscal y monetaria continúan siendo los instrumentos preferidos para luchar contra la crisis, pero ante la poca eficacia de estos, los gobiernos comienzan a verse tentados a usar la política cambiaria, frente a los éxitos de China en el comercio y la subvaluación del yuan. Así parece dejarlo entrever la polémica desatada desde hace varios años por la posición del yuan chino frente al dólar y el euro.
Pero la situación de la economía mundial hoy va más allá de una disputa monetaria, en realidad se trata de la inaplazable necesidad de reformar el sistema monetario internacional, donde el dólar continúa teniendo el señorío sobre el resto de las monedas. Los problemas estructurales de la economía capitalista que provocaron la crisis y exigían cambios estructurales radicales y urgentes para modernizarlo siguen latentes y son necesarias para poner el sistema a la altura de las exigencias del nivel del desarrollo científico-técnico alcanzado hasta hoy por la humanidad, pero se siguen postergando, a pesar de la urgencia de los llamados de los dirigentes de Francia, Alemania, Brasil, Rusia, la India y Chine. Han sido esos países los que insisten en la necesidad de avanzar en las reformas estructurales e invitando a los presidentes de Gran Bretaña y los Estados Unidos a trabajar para ello.
El capitalismo requiere reformas de sustanciales, en particular en los mercados financieros, para regular las actividades bancarias, las agencias calificadoras y los movimientos de capital, así como para revisar y modificar la composición de los consejos de dirección de los organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM), el Banco Interamericanos de Desarrollo (BID), entre otros, donde hasta hoy son los países desarrollados quienes los controlan.
La incapacidad de los países desarrollados para salir de la crisis parece estar orillándolos a desatar una guerra de divisas, en particular contra el yuan chino. El presidente Barack Obama desea que las exportaciones estadounidenses doblen en cinco años, objetivo que no podrá lograrse sin que se produzca una devaluación competitiva del dólar; sin embargo, mientras eso sucede el gobierno de los Estados Unidos continúa vendiendo dólares sin ton ni son y sin preocuparse por la inflación, la cual según el Departamento de Trabajo en septiembre pasado fue de solo 0.1%, lo que le ofrece un gran margen de maniobra.
Lo que sucede con las devaluaciones competitivas es que al producirse, hacen las mercancías más baratas e incrementan las exportaciones y desestimulando las importaciones. En la guerra entre las monedas, más de un organismo internacional ha dejado entrever que los países mejorarían su desempeño económico si devaluaran sus monedas; pero paradójicamente, el gobierno mexicano que ha insistido en hacer valer las leyes del mercado, puro y duro, para regular el funcionamiento de la economía, pese al discurso de la libre flotación del peso continúa interviniendo en el mercado cambiario para sostener la cotización del peso frente al dólar, de tal suerte que la sobrevaluación del peso frente al dólar, en el mes de agosto, se encontraba 20.5% por encima de su valor real, el cual indica que si el Banco de México dejara de intervenir en el mercado cambiario, el peso se cotizaría al menos en 15.3 pesos por dólar, lo cual sería positivo para las exportaciones mexicanas, para los empresarios y la creación de empleos.
Lamentablemente esto no puede suceder, pues el gobierno y el Banco de México, quien orienta su política monetaria en base a objetivos de inflación, tienen terror a la inflación, pese a que en septiembre solo fue de 3.7%. De tal modo que la terquedad de mostrar indicadores positivos sobre el desempeño de la economía nacional, está conduciendo al país a postergar su recuperación económica, a la pérdida de competitividad de las exportaciones mexicanas frente a las chinas, a la pérdida de mercados y a mayor desempleo; pues si los productos mexicanos fueran más baratos habría una mayor demanda de productos mexicanos, mayor demanda de fuerza de trabajo y mayores ingresos para los hogares.
Par Enfoque Global le 20 octobre, 2010 dans Análisis Económico de Coyuntura












