El Partido Revolucionario Institucional (PRI) instrumentó en los últimos 30 años del siglo XX los programas neoliberales de ajuste y estabilización del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), el Partido Acción Nacional (PAN) no ha hecho sino continuar administrándolos y en gran parte de estos 10 años de su gobierno con los propios cuadros y tecnócratas del PRI, quienes sólo cambiaron el color de sus corbatas en espera que este gobierno llegue a su final, manteniendo intacta su visión sobre el desarrollo económico y social de México.
Antes de acusar al PAN por toda la miseria acumulada en México hay que considerar que solo el PAN puedo aglutinar en sus filas, por ideología, a los descendientes de los colonizadores y defensores de la corona española, de aquellos que abrieron las puertas del país a la monarquía francesa en 1862 y de los hacendados que apoyaron la dictadura de Porfirio Díaz, ¿o es qué todos ellos dejaron el país y se exiliaron después de la independencia de México en 1821, del triunfo de Juárez en 1867 y de la revolución de 1910?, evidentemente no, tampoco se integraron al PRI, ni al Partido Comunista Mexicano fundado en 1919, el cual agrupó a la clase obrera mexicana y fundó la Central de Trabajadores de México (CTM), que luego perdió bajo la absurda línea política que asumió el Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas de “unidad a toda costa” contra en fascismo en la 2ª guerra mundial. Por lo que no hay que pedirle peras al olmo, ni exigirle que resuelva los problemas de la pobreza extrema en México ni responsabilizarlo por toda la miseria que arrastra el país hasta hoy. Pero pese a ello el PAN estuvo en el gobierno 200 años después de la independencia y 100 años posteriores a la revolución.
La pobreza ha sido el motor de los movimientos sociales en México. Pero paradójicamente al celebrarse los doscientos años del inicio de la lucha por la independencia y los cien años de inicio de la revolución de 1910, ni el PRI ni el partido surgido de la alianza de entre los priistas resentidos (“el ala izquierda del PRI”) y aquellos hombres de la “izquierda” surgidos de la comodidad de las conspiraciones de café, es decir el Partido de la Revolución Democrática (PRD), han sido capaces de cambiar el rumbo de México y han mostrado su incapacidad para dirigir con honestidad a un país forjado con la sangre de miles de patriotas muertos a lo largo de todos esos años, los cuales pretendían darle a los pobres una vida digna y acceso al poder.
De nuevo la pobreza se ha convertido en el tema de debate. Lo cierto es que no ha sido el PAN quien ha hundido en la miseria a millones de mexicanos, sino la continuación de un apolítica económica y social neoliberal heredada del PRI y su temor para cambiarla. Los gobiernos del PAN se han dedicado a administrar estas políticas y muchos individuos vinculados con el poder, a hacer negocios, tal como en los viejos tiempos del PRI, postergando los verdaderos cambios a los que aspiramos millones de ciudadanos, los cuales no enarbolan los partidos actuales, más preocupados por seguir viviendo del erario público.
Es posible que las cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), creado para medir la pobreza, sean ciertas y que en 2000 hubiera 24.1 millones de personas en condición de pobreza alimentaria y que éstas hayan pasado a 13.8 millones en 2006, pero que en dos años, en 2008, hubieran llegado a 18.2 millones, 32% más; pero lo más importante es tener conciencia del peligro que ello significa para la estabilidad política del país y considerar la necesidad de hacer de este tema, de la lucha contra la pobreza, no una bandera electoral si no una política de Estado, cuyos responsables de implementarla, el Congreso de la Unión y el ejecutivo, orienten, regulen, controlen y evalúen año a año, antes de aprobar el Presupuesto de Egresos de la Federación.
Sin ello, los pobres no solo aumentarán, sino que se convertirán en un peligro para la supervivencia de la clase política actual y la estabilidad social, sí en lugar de continuar incorporándose al crimen organizado poco a poco enfrentarán las instituciones del Estado mexicano, responsable de su pobreza y marginación social. Pues finalmente no es en las Lomas de Chapultepec donde se cultivan estupefacientes, ni son los egresados de las universidades quienes engrosan las filas de los criminales, sino los miles de excluidos del sistema de enseñanza y del mercado laboral, aquellos hombres y mujeres excluidos que deambulan en las zonas urbanas sin hogar, los campesinos miserables que ya están muertos en vida y los mismo les da morir o poder comer con dignidad al menos una vez. Por esta razón, la pobreza es más que un discurso, su eliminación es la garantía de sobrevivencia del Estado Mexicano y su modernización, la vuelta a la seguridad de los ciudadanos.
Lunes, 21 de Marzo de 2011 23:28
Los precios del petróleo reflejan la especulación que reina en los mercados. Los mercados y la especulación que reina en ellos continúa dictando el nivel de los precios de los bienes (productos y servicios), entre ellos los de las materias primas y de los productos alimenticios, los cuales tienen un efecto directo en el comportamiento de la inflación y, por lo tanto, en la política macroeconómica de cada país.
El aumento de los precios del petróleo que se registra en los mercados petroleros producto de la ofensiva de los países aliados contra Libia, beneficiará en México a los Estados y Municipios del país, los cuales obtuvieron en enero de 2011, según la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, un pago por participaciones federales de 763 millones de pesos, superior a lo programado, unos 5 mil 971 millones de pesos más que lo pagado en enero de 2010, lo cual representó un incremento de 16% en términos reales, es decir, descontando el impacto de la inflación.
Hidalgo recibió 699 millones, mucho más que los 687 millones programados y los 571 millones recibidos en el mismo mes de 2010. Ojalá que estos recursos que han recibido los estados y municipios hasta hoy sirvan para atender las necesidades de empleo en los estados y municipios del país y no para comprar nuevas residencias en Miami, Paris, Acapulco, Cancún, Polanco, El Pedregal, Las Lomas de Chapultepec, Santa Fe o San Gerónimo, pues gobernadores y presidentes municipales siempre tienen sus arquitectos y magos financieros para que estos recursos terminen en cuentas privadas, en particular cuando se trata del año de Hidalgo…
Lo cierto es que las acciones militares en contra de Gadafi y sus tropas ha producido una gran incertidumbre en los mercados, lo que ha impulsado al alza los precios del petróleo de nuevo. Ayer lunes 21 de marzo, el barril de Light Sweet para entregarse en abril se vendía en Nueva York en 102.24 dólares, lo que representaba un aumento de 1.17 dólares debido a las acciones militares en Libia y el incremento de las manifestaciones en los países árabes de Yemen y Siria.
En tanto, el Brent del mar del norte en Inglaterra, llegó el día de ayer a cotizarse en 115.22 dólares el barril, aún por debajo de su nivel más alto alcanzado el 2 de marzo de este año, cuando llegó a 116.72 dólares por barril. Lo cierto es que en este tipo de petróleo en lo que va del año ha aumentado en 21.81%. Mientras que el West Texas Intermediate (WTI) en Nueva York llegó a venderse en 102.13 dólares por barril, acercándose a los 105.80 dólares en que llegó a venderse el 7 de marzo de este año. Esto ha permitido que la mezcla mexicana de exportación se haya vendido la semana pasada por encima de los 100 dólares por barril, superior a los 78 dólares estimados en el presupuesto 2011, que hasta hoy promedia ya los 101.4 dólares.
Teóricamente, la caída de la producción de petróleo de Libia no debería ser un problema, pues la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) podría aumentar su capacidad de producción en 4 millones de barriles diarios adicionales. Países como Arabia Saudita han aumentado ya su producción en 200 mil barriles diarios desde que comenzó la crisis en Libia.
La Agencia Internacional de Energía (AIE) ha señalado que en abril, « la demanda de petróleo podría aumentar en promedio en 1 millón de barriles por día, debido al fin del período de mantenimiento de las refinerías en la cuenca del Atlántico »; mientras que según la AIE, « la disminución de la demanda japonesa será más corta de lo esperado, debido a la rápida reanudación de la mayor parte de las refinerías ».
Sin embrago, el impacto del aumento de los precios del petróleo sobre el crecimiento económico podría ser negativo para la recuperación de la economía mundial, la creación de empleos y el fin de la crisis, pues según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), si ese incremento de los precios es superior a los 25 dólares del precio del barril de Brent que se produjo luego del levantamiento en Túnez, la inflación en la zona de la OCDE podría aumentar en un 0.75% en 2012, mientras que la actividad económica se reduciría en 0.5% con respecto al escenario considerado inicialmente, fuera de los conflictos actuales.
Pero no todo puede ser guanacias para los especuladores. Los conflictos actuales continúan expresando la gravedad de la crisis económica internacional y los gobiernos de cada país están valorando hoy, el impacto de los movimientos sociales sobre la estabilidad social, paralelamente a la instrumentación de sus políticas macroeconómicas para reactivar sus economías, tratando de no cometer errores que sirvan de pretextos para el estallido social y las revueltas.
Los países desarrollados están sorprendidos por el desastre en Japón en medio de la crisis. Aún están lejos de instrumentarse las reformas propuestas en el seno del Grupo de los 20 (G20) países mas desarrollados del mundo, incluidos Argentina, Brasil y México, para reformar el capitalismo y poner fin a la crisis surgida en 2008 que, como terremoto, continua devastando las economías europeas. Muchas de esas reformas apenas están en proceso de discusión, mientras que en algunos países europeos se están instrumentando los programas de ajuste aconsejados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), quien con la crisis volvió a la vida, y sobre los cuales los países latinoamericanos obtuvieron doctorado en las últimas tres décadas del siglo pasado, no sin antes enfrentar el descontento social y guerras internas.
Francia preside este año tanto al Grupo de los 7 (G7) como al G20, cuya presidencia de este último recibirá México al final de 20011, por ello la Ministra de Economía y Finanzas de ese país, Christine Lagarde, desde el miércoles 16 de marzo urgía una reunión con sus homólogos del G7 y los gobernadores los bancos centrales para analizar la situación de Japón, pues con el terremoto y tsunami no solo se ha agravado la situación económica de este país, sino la de toda la economía mundial en convalecencia aún.
Finalmente, este jueves 17 de marzo iniciaron las discusiones a través de una teleconferencia, según la agencia EFE. Después de ello, Lagarde señalaba que solicitó una reunión de los ministros de finanzas y de los gobernadores de los bancos centrales para poder ver cómo se apoya a Japón con la emisión de bonos, de que manera se puede reaccionar en el plano financiero ante los eventos en Japón.
El ministro de economía japonés, Kaoru Yosano, dijo por su parte que Japón va a presentar los daños causados por terremoto, los movimientos en los mercados financieros y los esfuerzos del gobierno para hacer frente a estos eventos, pero agregaba que por el momento, pese al alza del yen en los mercados de divisas, ninguna intervención del banco central estaba prevista por ahora, diciendo « no creo que los mercados financieros y monetarios se encuentren en un estado de excitación…nos gustaría un apoyo psicológico de parte de los países del G7″. Los representantes del G20 desde este jueves participan en una teleconferencia, pero nada se había dicho sobre el intercambio de propuestas hasta la tarde de ayer.
Interrogado por la Agencia Reuters, el ministro de economía japonés, dijo que el presupuesto excepcional para financiar los costos de la reconstrucción sería superior a la que se había previsto después del terremoto de Kobe en 1995. De acuerdo con estimaciones del gobierno, los daños directos e indirectos del desastre actual superan los 235 mil millones de dólares, lo cual no deberá representar un problema para Japón, « esto será sólo unos pocos billones de yenes en bonos del tesoro. Tanto el sector privado como el gobierno tienen los fondos necesarios y el Banco de Japón proporcionó liquidez suficiente. No hay nada de que preocuparse acerca del financiamiento », dijo el ministro.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el FMI ayer jueves, expresaban la misma confianza en la solidez de la economía japonesa para hacer frente a este desastre, el Secretario General de la OCDE, el mexicano Ángel Gurría, mostró confianza en la capacidad de Japón para financiar su reconstrucción, a pesar de su astronómica deuda pública, lo que representa el 200% de su Producto Interno Bruto (PIB), el nivel más alto de las economías desarrolladas; señalando que la ayuda al pueblo prevaleció sobre el resto, y que el gobierno japonés haría « lo que sea necesario » para rescatar y proteger a su pueblo, planteando que el déficit de sus finanza públicas podría aumentar y que la recuperación fiscal podría tomar más tiempo de lo esperado », especificando que los japoneses continúan financiando el déficit presupuestario mediante la compra de deuda emitidos por el Estado y que los japoneses estaba en condiciones de responder a la imposición de una contribución especial de solidaridad para la reconstrucción, porque tienen una solidaridad ejemplar. Está claro que Japón no es Haití, aún cuando lo lamentable sea que el desastre de japonés haga olvidar a la población de ese país aún viviendo en tiendas de campaña.
Al respecto, el ministro de Finanzas de Alemania, Wolfgang Schäuble, manifestaba que el seminario sobre el Sistema Monetario Internacional programado par el 31 de marzo en Nanjing, China, como parte de los trabajos del G20, que en él se podría discutir ocasionalmente sobre la situación de Japón, pero que « por ahora, es demasiado pronto para predecir el impacto del desastre en Japón en la economía global ».
Sin embargo, no hay que ser un gran experto para no saber que este desastre profundizará aún más la crisis económica internacional y agudizará las contradicciones sociales en el mundo, sobre todo, porque buena parte de la ayuda que reciben los países en desarrollo de Japón deberá esperar y la especulación en los mercados financieros, sin regulación aún, se centrará sobre la suerte de la economía japonesa y el futuro de la energía nuclear. Lo más lamentable es que ello haga que la situación de Haití y de Libia pasen a un tercer plano o al olvido.
« Gestión y resolución de crisis: las primeras lecciones de la crisis financiera », es el titulo del estudio publicado el miércoles pasado por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque para el gobierno de México las opiniones de expertos y premios nobeles no valgan, bien valdría la pena voltear para ver la realidad nacional y mundial cuando los funcionarios del FMI responsables del estudio señalan que, la manera en la cual se ha administrado la crisis financiera actual ha convertido las futuras crisis más peligrosas como nunca antes para la economía mundial, y en consecuencia, en lugar de hacernos ver como un país triunfador al margen de la crisis económica internacional, tomar medidas consensuadas con todos los agentes económicos (empresarios, sindicatos, organizaciones sociales y partidos) para enfrentar la crisis que está creando las condiciones sociales para la revolución en más de un país en el planeta.
Muchas de las características estructurales que contribuyen a la acumulación de riesgos sistémicos en el sector financiero siguen vigentes hoy, afirman los siete economistas del FMI que realizaron el estudio, señalando que los grandes bancos compraron las instituciones en problemas, por lo que ese hecho ha aumentando la concentración en promedio. En ese sentido, los activos de los 5 bancos mas grandes de los 12 países estudiados, de acuerdo al estudio, hoy presentan el 335% del Producto Interno Bruto (PIB), respecto al 307% que representaban antes del estallido de la crisis financiera en 2008.
El estudio compara las respuestas de las autoridades políticas y monetarias a la crisis de 2008-2009 en once países europeos y los Estados Unidos, con las de la crisis financiera de 1991 y 2002, que afectó a 17 países. Para los funcionarios del FMI autores del estudio, en 2008 y 2009, los errores se cometieron al proporcionar a los bancos con problemas un rápido apoyo con recursos públicos, sin establecer la diferencia entre aquellas instituciones viables y las que eran menos viable, para ser rescatadas. Obviamente, obviando las leyes del mercado en este caso y acudiendo al Estado para salvarlas.
Pero además, señala el estudio que algunos acreedores (bancos) se han visto obligados a reducir sus pretensiones, debido al riesgo de contagio; mientras que la protección de los acreedores ha devuelto la confianza demasiado rápido. Por lo que, de a cuerdo a los funcionarios del FMI responsables del estudio, la crisis financiera ha puesto de manifiesto la falta de mecanismos para la regulación de los bancos de envergadura internacional en peligro; por ello la capacidad de los nuevos regímenes de regulación y control financiera para hacer frente a la quiebra de grandes instituciones financieras multinacionales, sigue siendo una interrogante.
En este mismo tema, citando a la Agencia EFE, en el ciclo de conferencias del FMI en Washington, del 7 y 8 de marzo pasado, para reconsiderar los errores y aportar soluciones a la crisis, el director del FMI, el francés Dominique Strauss-Kahn, señalaba en su conferencia « Políticas de crecimiento tras la crisis », que la crisis financiera mundial fue una « crisis de los economistas » que no supieron ver el verdadero peligro y hizo un llamado a evitar la « complacencia », al considerar que « las crisis futuras no serán como las de ayer »; pero el premio Nobel Joseph Stiglitz en su intervención criticó la ausencia de regulación internacional previa a la crisis y señaló la responsabilidad de los políticos y economistas sobre la misma, al decir que la crisis no fue inevitable, fue una crisis hecha por personas, producto de los error en los modelos con los que estaban trabajando los economistas, los cuales estaban equivocados, a su juicio.
Pero la realidad de este acto de rectificación de errores es que ni el FMI ni el Grupo de los 20 (G20), que se han autoproclamado el derecho a diseñar el futuro económico del planeta al margen de la mayoría de los países, han hecho lo necesario para reordenar la economía mundial y las calificadoras de riesgo, como Moody’s, Standard & Poor’s y Fitch, por ejemplo, que continúan especulando sobre la salud de las economías nacionales, como está sucediendo con las de Grecia, España, Portugal y otras economías europeas, afectando la estabilidad social y empujando a la rebelión de sus ciudadanos contra las medidas impuestas por el FMI para enderezar las economías en crisis.
Aún más, ni el FMI ni el G20 esperaban que las revueltas en los países árabes y el terremoto de Japón vinieran a agregar más desorden al ya existente en la economía mundial. Ahora todos los países deberán hacer nuevos planes con un petróleo más caro, además de las materias primas y los alimentos, en un mundo interrelacionado donde ningún país puede actuar por cuenta propia sin que otro reaccione con represarías por sus decisiones.
Desde 2006, cuando la posibilidad de una crisis económica internacional parecía remota, la preocupación por la crisis alimentaria iba en aumento en el seno de los organismos internacionales. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) encendía los focos rojos y señalaba que no tenía recursos suficientes para enfrentar las necesidades de alimentos de entonces, solicitaba más recursos y advertía del impacto sobre la estabilidad social del aumento de la pobreza y el hambre en el mundo. Cuatro años después, gobiernos de diferentes país se ven en riesgo frente a la crisis económica, alimentaria y ambiental, que multiplica protestas y disturbios.
El planeta está bajo el riesgo real de aumento de la inestabilidad social debido a la crisis global. Las revueltas del hambre parecen ser el detonante de las manifestaciones sociales de enojo contra los sistemas políticos, la corrupción y sus gobernantes. Las manifestaciones sociales en Túnez, Egipto, Yemen, Jordania y Libia, solo son el preludio de otras que vendrán, las cuales han tenido como origen protestar por el alza de los precios y la carencia de empleos.
El cambio climático está contribuyendo a encarecer los principales productos agrícolas y los precios mundiales de la mayoría de los alimentos alcanzaron niveles récord en enero. La FAO está consciente de los riesgos y el 17 de febrero advirtió sobre el peligro del aumento continuo de los precios, en medio de la caída de la oferta de granos y los efectos del cambio climático, que ponen en peligro las cosechas de cultivos en los principales países productores.
La reunión de ministros de finanzas y gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los 20 (G 20), que concluyó el 19 de febrero pasado, prefirió llegar a consensos sobre los instrumentos para la medición de los desequilibrios macroeconómicos globales y, contrario a lo esperado, dejó en el tintero el problema del alza y especulación sobre los precios de los alimentos, pues la agenda francesa al frente del G20 incluye la lucha contra la volatilidad de los precios de las materias primas, además de avanzar en la reforma al sistema monetario internacional y la gobernanza de las instituciones multilaterales, lo que implica revivir al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus políticas, de las cuales ahora los griegos son sus víctimas.
A falta de reformas al capitalismo, lo más probable es que el mundo se vea envuelto en nuevas revoluciones sociales, como expresión de la búsqueda de los ciudadanos de una nueva forma de organización social, donde los partidos políticos parecen haber quedado rebasados, anquilosados en los placeres de la “duche vita”, al margen de encabezar las masas populares. De estas revoluciones y movimientos sociales seguramente veremos surgir a nuevas personalidades históricas y lideres populares aún desconocidos, las revoluciones son así…
Y en medio de todo esto, el panorama mundial parece presagiar un futuro sombrío para México, quien recibirá de Francia la presidencia del G20 al final de este año, pues el aumento de la pobreza en estos años es más real que la frialdad de las estadísticas y rebasa las cifras oficiales; el desempleo sigue en aumento y oficialmente en enero llegó al 5.9%, en promedio anual, el cual es superior a los casi 3 millones de las cifras oficiales del gobierno, alimentando el crimen organizado y el narcotráfico.
Como si fuera poco, se han hecho presentes los efectos del cambio climático en el sur de México con las inundaciones y en el norte con las heladas, afectando la producción de granos, perecederos y muchos otros alimentos agrícolas, cuyo impacto negativo sobre los precios internos comenzará a reflejarse a mediados de año, al menos que se comiencen a usar productivamente los más de 118 mil 529 millones de dólares que conforman las reservas internaciones y se reconozca la gravedad del momento actual que vive México