17 mai, 2011
NÚMEROS CLAROS
En medio de la actividad criminal actual que vive México, que noticias más alentadoras cuando uno lee que la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), indica que la tasa de desempleo en el primer trimestre de 2011 pasó de 5.3% al 5.2, en comparación con la registrada en el mismo periodo del 2010 y que, incluso fue más baja que la del trimestre inmediato anterior de octubre a diciembre de 2010.







Ello significa que en México solo existen 2 millones 450 mil 840 personas que no tienen empleo, pues la Población Económicamente Activa (PEA), según el CENSO 2010, fue 47 millones 131 mil 536 personas en edad de trabajar, de una población total de 112 millones 336 mil 538. Sí la tasa de desempleo en marzo fue de solo 4.61% de la PEA, entonces habría 2 millones 172 mil 764 de desempleados en México, menos que los del mismo periodo de 2010 cuando la tasa alcanzó los 4.81 %. Si ese fuera el caso, estaríamos en el país de las maravillas. Pero la realidad es más cruda que la ENOE del INEGI, de la cual aún no conozco una sola persona que haya sido encuetada.
Lo mejor del INEGI es reconocer que el número de mexicanos que trabajan en la economía informal ha alcanzado una tasa del 28.5% en el primer trimestre de 2011, lo que equivaldría a 13 millones 432 mil 488 personas que al no tener un empleo formal, han recurrido al desempeñar una actividad laboral informal para sobrevivir en el mercado « negro », vendiendo discos piratas, tamales, dulce y chicles, mercancías robadas, ropa usada o habilitando su garaje como restaurante o espacio para vender cualquier cosa, al margen de la proliferación de los « toreros », jóvenes que exponen en una manta sus productos y escapan cuando las autoridades se hacen presentes ¿a caso aquí habría que considerar también a los sicarios, a los que venden drogas o forman parte de las bandas del crimen organizado, a los ladrones…?, también son mexicanos en edad laboral y han recurrido a estas prácticas porque la sociedad les ha negado el derecho al trabajo y a la educación.


En realidad no existen 2 millones 172 mil 764 de desempleados en México sino 15 millones 605 mil 252 mexicanos sin un trabajo formal, algunos de los cuales, casi 13.5 millones, sobreviven realizando alguna actividad laboral que no les permite satisfacer plenamente sus necesidades, esto es, de alimentación, vestido, educación, salud y esparcimiento, entre otras. De esta es la profundidad de la crisis y el ejército industrial de reserva del que pueden disponer, no los empresarios, sino el crimen organizado para alimentar sus filas. La realidad se impone y va más allá de los arreglos estadísticos de INEGI que tratan de reducir el impacto de la crisis sobre el marcado laboral, Usted es el mejor juez para juzgarla.
Lo peor de todo esto, es que dentro de la PEA existen casi 44 millones de jóvenes que podrían llegar a 64 millones en 2020; por lo que, sí el gobierno nacional es incapaz proporcionarles empleo y trabajo, no solo aumentará la criminalidad y la inestabilidad social, sino estaría empujando al país a una nueva revolución social. Hasta hoy, estas revueltas populares que hemos visto en Grecia y los países árabes, no se han presentado en México, en buena medida porque no existen partidos políticos capaces de ponerse a la cabeza de estos movimientos, más interesados en seguir absorbiendo financiamiento del erario público que en realizar las reformas económicas y sociales para trasformar la realidad de México.
No obstante, rebasados por la realidad los partidos políticos, es probable que de los movimientos sociales actuales y futuros, surjan las personalidades históricas que entierren el viejo sistema político sobre el que se basan las instituciones de gobierno actuales y surja un nuevo Estado democrático, donde los ciudadanos tengan voz y puedan gobernarse; donde en referéndum, el plebiscito, la revocación de mandato sean instrumentos de gobierno de los ciudadanos y donde no existan más los diputados y senadores plurinominales, que se han convertido en parásitos del sistema político actual, ni las alianzas mafiosas entre minúsculos partidos, que han hecho de ellos un medio de lucro a costa de los ciudadanos.

Par jlos le 17 mai, 2011 dans Análisis Económico de Coyuntura
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Lunes, 09 de Mayo de 2011 23:04
Hace meses señalé en uno de mis artículos publicaos en Números Claros, que la crisis económica mundial del capitalismo no había terminado y que lejos de ello, ante la falta de reformas para crear un nuevo orden económico internacional y reformarlo, como lo propuso en 2008 el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ésta se continuaba agudizando con la crisis de la deuda de los países europeos y el aumento del déficit de la economía estadounidense.
Por lo que el aumento del desempleo, el incremento de los precios de los productos básicos y el hambre, estaban creando las condiciones para sacar a los ciudadanos a las calles y enfrentar la incapacidad de los gobernantes para poner fin a las consecuencias de la crisis; por lo que veríamos incrementar las revueltas sociales, haciendo que en la marcha surgieran nuevos lideres sociales, consideraba que solo hacía falta un pretexto para encender la mecha de los levantamientos populares en los países donde la crisis se había expresado con más fuerza.
En ese momento no imaginaba cómo podría suceder esto en México, pero entendía con la revolución egipcia y las revueltas en Grecia, Londres y Paris, amén de las que hoy continúan en los países árabes, que una nueva revolución en México podría transitar en cualquier momento por los movimientos ciudadanos, lejos de la luchar armada, en la cual los carteles hoy no solo tienen las armas y los recursos financieros, sino sobre todo la capacidad de atracción de miles de jóvenes, de hombres y mujeres, que ya no tienen nada que perder porque están muertos, sin estudios, sin trabajo y sin nada que comer, y para los cuales su incorporación al crimen organizado es su única opción de vida, alejados de cualquier movimiento social que pudiera aglutinarlos para trasformar el país, sin la cultura política para hacerlo y sin la sensibilidad para dar su vida por la patria, lo que en otras condiciones serían en motor de cualquier revolución social.
No fueron las mujeres de Juárez ni los asesinatos de tantos otros anónimos, debió producirse la muerte del hijos del el empresario Alejandro Martí, Isabel Miranda de Wallace y del escritor Javier Sicilia para poder sacudir la conciencia nacional y advertir, que algo grave está sucediendo en México, que no solo es la crisis económica internacional que estalló en 2008 la que está afectando las estructuras sociales del país, sino que su economía está en crisis.
Nadie se convierte en sicario, en asesino o en ladrón si tiene una familia, si tiene ingresos, si tiene empleo, si tiene acceso a la educación, a la seguridad social y a la recreación, pero este no ha sido el caso de millones de mexicanos marginados y hundidos en la pobreza en las zonas rurales y urbanas de México. Pese a los records mensuales de creación de nuevos puestos de trabajo que anuncia el gobierno federal, la realidad demuestra que miles de jóvenes están marginados del acceso a la educación, al mercado laboral y a la seguridad social. Alguien tienen que decirle al Secretario del Trabajo que la población en edad laboral está creciendo en mayor proporción que las fuentes de empleo, por el bono poblacional en el que México está atravesando en esta coyuntura.
Espero que alguien entienda lo que Javier Sicilia dijo, al concluir la Marcha Nacional por la Paz y la Justicia, cuando señaló que los ciudadanos no están dispuestos a aceptar más una « elección si antes los partidos políticos no limpian sus filas de esos que, enmascarados en la legalidad, están coludidos con el crimen y tienen al Estado maniatado », si no 2012 será una elección de votos en blanco.
Miles de ciudadanos nos sentimos ofendidos por la mediocridad de la clase política nacional, sus intereses mezquinos de poder y su deprecio a nuestra inteligencia, por su insistencia en querer mostrarnos un México que no existe, por sus lecciones de cómo eliminar la pobreza, cuando millones de ciudadanos están marginados, sin empleo y se aprietan las manos pensando en cómo sobrevivir cada día, cuando ni siquiera forman parte de las estadísticas del INEGI porque jamás tuvieron la fortuna de ser encuestados.
En las demandas de este movimiento social, que me parecen acertadas en un primer intento por buscar consensos entre los ciudadanos, sólo faltó incluir la eliminación de las diputaciones plurinominales, que frente al mercantilismo electoral y la prostitución del sistema, solo han servido para perpetuar parásitos de la política y no legisladores dignos de la representación popular. Por ello, creo que estamos acudiendo al inicio de un movimiento social mayor en México, uno que con el tiempo crecerá para refundar al Estado, a la República a la Nación, el cual con su fuerza aplastará a los cientos de oportunistas que hoy vemos en los medios de comunicación, aquellos que con pantalón de mezclilla creen haber hecho los méritos necesarios, desde sus aulas en las universidades de los Estados Unidos o en las instituciones internacionales, para ponerse al frente del nuevo México que deberá de surgir y que no necesariamente deberá basarse en el sistema de partidos actuales, que ya han sido rebasados por la historia y por los hechos.
NÚMEROS CLAROS
Par jlos le 10 mai, 2011 dans Análisis Económico de Coyuntura
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