No hay una nueva crisis, sino la profundización de la que estalló en 2008. Algunos medios han hecho creer que la crisis de 2008 fue superada, que la economía de mercado encontró su equilibrio y el rumbo del crecimiento, por lo que hoy estamos frente a una nueva crisis, sin analizar que los desequilibrios que provocaron la crisis financiera en 2008 siguen sin solución aún, pues los mercados financieros y de capital continúan operando de manera espontanea y sin ninguna regulación, gracias a ello las agencias calificadoras de Wall Street han podido seguir haciendo de las suyas en Europa e incluso en contra de la economía de los Estados Unidos, cuya degradación, debido a su endeudamiento y sospechas sobre su capacidad de pago, ha provocado mayor inestabilidad.
La economía mundial no enfrenta una nueva crisis, sino la profundización de la que inició en 2008, la cual no se ha superado pese a las múltiples cumbres del Grupo de los 20 (G20) en buscando acuerdos, para hacer que la economía capitalista mundial vuelva al equilibrio, lo que no ha podido lograr aún. Hasta hoy, el mayor logro de éstas reuniones de ministros de finanzas, economía y gobernadores de bancos centrales, que concluyen siempre con una reunión de de Jefes de Estado y de Gobierno, ha sido darle vida a un viejo conocido de América Latina, al Fondo Monetario Internacional (FMI), ahora entretenido poniendo a punto sus viejas recetas, sus programas de ajuste y estabilización, en los países europeos con problemas de endeudamiento; así como hacer del FMI el evaluador de los sistemas bancarios con sus pruebas de estrés.
Pero muy poco ha hecho el G20 y el FMI hasta hoy para frenar la especulación en los mercados y controlar los movimientos especulativos de capital, que ante su inoperancia, ha provocado el enojo de países como Alemania, Francia, Estados Unidos, Grecia, España y Portugal, que han visto pisoteados sus esfuerzos destinados a contener los desequilibras en sus economías y pagar sus deudas por las calificadoras de Wall Street.
Pero la especulación no es nueva. Durante la crisis asiática de 1997 se habló de la necesidad de poner controles a los flujos de capital especulativos, lo cual fue duramente criticado por ir en contra de la libertad del mercado y contradecir el liberalismo económico, solo algunos países como Chile se atrevieron a imponer controles a la salida de los capitales especulativos, por lo que continuaron sus travesías de país en país sin control, afectando su estabilidad macroeconómica y el valor de sus monedas que se revalúan con la entrada masiva de dólares o se devalúan con su salida.
Países como México han sido víctimas de estos movimientos caprichosos de los flujos de capital, no solo durante diciembre de 1994 cuando sus reservas pasaron de 29 mil millones de dólares a principios de ese año a 6 mil 148 millones y el peso de 3.4 pesos a 7.5 pesos por dólar en enero de 1996, debido a que el 90% de la inversión extranjera era de cartera y salió repentinamente.
De aquí que, ante el escenario mundial actual no sea descabellado comenzar a poner orden en los movimientos de capital y aplicar un impuesto sobre las transacciones financieras de corto plazo, lo que permitiría recaudar recursos y estabilizar el sistema financiero local, garantizando una mejor planificación a las empresas y un mejor funcionamiento de la puesta en práctica de medidas de política económica, suministrando, a la larga, una mayor cantidad de bienes públicos colectivos a los ciudadanos, gracias a la estabilidad financiera y al gravamen de los capitales.
Cuando todo parecía marchar sobre ruedas sobre la recuperación de la economía mundial, sobre todo para quienes pretenden vender como exitosa una política económica desgastada de cara a las elecciones del 2012 en México, la economía mundial se derrumba y el blindaje de la economía mexicana parece aboyarse con la crisis de la deuda en Europa y los Estado Unidos.
Atrás está quedando el triunfalismo de una política económica conservadora que ha significado más pobreza y desempleo para México, lo cual se refleja en el crecimiento del crimen organizado, el que absorbe a miles de mexicanos sin alternativas de empleo y estudio, cuando las fronteras de Estados Unidos se cierran.
La propia Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), no puede ocultar que el crecimiento de los países agrupados en ella se está reduciendo. En términos anuales, el Producto Interno Bruto (PIB) de la OCDE creció en 1.6% en el segundo trimestre de 2011, frente al 2.4% del trimestre anterior. Según la OCDE, hay desaceleración por cuarto trimestre consecutivo en los países ricos, luego que en el trimestre de abril a junio apenas pudieran crecer en 0.2%, en comparación con los tres meses anteriores.
La OCDE señaló este lunes 22 de agosto, que el PIB de los países de la OCDE se redujo en 0.2% en el segundo trimestre de 2011, contra 0.3% el trimestre pasado. Reconociendo que “este es el cuarto trimestre consecutivo de desaceleración del crecimiento”, lo que no solo afectará a las economías de los países más ricos, sino a países como México que se niegan a ver hacia el sur, dejando en manos de Brasil y de China bastas zonas del continente y sus mercados.
Para la OCDE, la desaceleración es particularmente marcada en la zona del euro y en la Unión Europea, donde el crecimiento se desaceleró a 0.2% contra 0.8% del trimestre anterior. Mientras que en los Estados Unidos, el PIB aumentó un 0.3% en el segundo trimestre frente a 0.1% en el primer trimestre y en el Reino Unido, creció en 0.2% contra 0.5% en el primer trimestre de este año; contrastando con Japón, donde el PIB disminuyó en el segundo trimestre en -0.3% frente a -0.9% en el primer trimestre.
México, como parte de la OCDE no es la excepción y, en este segundo trimestre creció en sólo 3.3%, luego que en el mismo trimestre de 2010 lo hiciera en 7.6%, lo que muestra ya el nivel de la desaceleración, debido a la contracción en 3.7% de la producción agropecuaria. Pero por si fuera poco, la inversión extranjera directa en 2010 de 17 mil 725.9 millones de dólares fue 40% menor a los 29 mil 714.2 millones de 2007.
No hay blindaje que valga ante la contracción de la economía y el comercio mundial. Ni siquiera los 134 mil 534 millones de dólares de las reservas acumuladas al 12 de agosto, son garantía para sobreponerse a la agudización de la crisis económica internacional, a la cual pueden sumarse los problemas de las heladas que destruyeron los cultivos agrícolas en este inicio de año y los actuales de las sequías.
Quizá lo más acertado, de todos los pronunciamiento del gabinete del presidente Calderón, haya sido el reconocimiento por parte del Secretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP) de la gravedad del entorno económico internacional y sus posibles efectos sobre la economía nacional, antes que el triunfalismo vuelva a calificar de “catarrito” la profundización de la crisis que enfrenta el planeta desde 2008.
Lo cierto es que las exportaciones mexicanas a los Estados Unidos representan el 80% del total y la restricción al consumo interno en ese país, producto de la necesidad del gobierno de Obama de reducir su déficit público que se espera llegue este año a 1,600 millones de dólares, van a impactar la demanda de productos mexicanas en ese mercado.
En 2009, al estallar la crisis, debido a la recesión en Estados Unidos, las exportaciones cayeron en -27.6%, respecto al año anterior; luego en 2010 éstas lo hicieron en -5.9%, en relación al 2008; esto provocó un saldo negativo en la cuenta corriente de -16,349.2 millones de dólares, lo que indica el nivel de la dependencia de México del exterior en ese año. Hoy la profundización de la crisis podría tener el mismo impacto en las exportaciones mexicanas a ese país, con efectos nefastos sobre la planta productiva de las empresas y el empleo.
Así que con un peso sobrevaluado en 30% y que de no ser por las intervenciones del Banco de México se cotizaría hoy en 15.50 pesos por dólar, México no parece inmune a los efectos de la profundización de la crisis, ni su gobierno parece cubrirse de gloria por su política económica aplicada en estos años, que ha arrojado más desempleados a la calle que los que reflejan las estadísticas, frente a las elecciones de 2012.
La crisis económica internacional surgida en 2008 se profundiza. Algunos gobiernos, como el de México, han hablado en estos años sobre la reactivación de sus economías y el fin de la crisis, gracias al éxito de sus políticas económicas, pero la realidad ha sido que no ha habido voluntad política para enfrentar globalmente los desequilibrios económicos mundiales, puestos al descubierto por la crisis de los subprimes en los Estado Unidos y las Cumbres del Grupo de los 20 (G20) han sido incapaces de llegar a acuerdos concretos para reformar la economía mundial y establecer las normas para regular los mercados financieros.
Internacionalmente el G20, que agrupa a los 7 países más ricos del planeta y a los países en desarrollo o emergentes como Argentina, Brasil y México en America Latina, se ha atribuido el derecho reformar la economía mundial para restablecer el equilibrio perdido, a espaldas de la mayoría de los países del planeta, pero sin resultados, a no ser porque logró revivir al Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus viejas recetas, para solucionar los problemas de endeudamiento en los países europeos y el establecimiento del sistema de medición de la stress o pruebas de resistencia de las autoridades bancarias.
Para no sucumbir ante la crisis y compartir la suerte del capitalismo en crisis, el FMI ha cedido parte del poder en el seno de su Directorio a las potencias emergentes del BRIC (Brasil, Rusia, India y China), que ahora tienen más voz y voto, siguiendo los pasos del Banco Mundial (BM) que en 2010 aprobó una reforma de su sistema de representación, para dar más peso a los países emergentes, que cuentan con un 3.13% más de derecho de voto, aumentando su cuota a 47.2%, frente al 53% de los industrializados.
Pero no ha sido la crisis de 2008, sino la profundización de la misma y la aparición de nuevos rasgos en ésta, como la crisis de la deuda en los países desarrollados de Europa y los Estado Unidos, lo que está haciendo entender a los países del G20 que la globalización de la economía exige a los gobiernos del planeta una mayor coordinación para tomar medidas para contener la crisis y restablecer el equilibrio, pues ya no pueden tomar medidas unilaterales sin considerar el impacto que éstas tendrán en el resto del mundo, tal como lo está haciendo Estado Unidos, que al aumentar la circulación mundial de dólares pone en riesgo la recuperación económica y la salud del comercio mundial.
En el olvido quedó el intento del presidente de la Asamblea General, Miguel D’Escoto Brockman, en 2009, de buscar en la ONU soluciones a la crisis que tomaran en cuenta el interés de todos los países y no solo el de los países ricos, cuando los 192 países miembros aprobaran convocar a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre la crisis financiera y económica mundial y sus efectos en el desarrollo, del 24 al 26 de junio de 2009, pero los países desarrollados le dieron la espalda y solo algunos mandatarios latinoamericanos acudieron a la cita.
Ahora la crisis económica se profundiza y la alimentaria, que en 2007 advirtiera la FAO de la urgencia de atender, se agiganta ante la lentitud de las reformas mientras millones mueren en África y de nuevo el planeta sigue dependiendo de la suerte de la economía de los Estados Unidos. Cada día somos testigos del desplome de las bolsas de valore, donde los inversionistas siguen refugiándose en el oro ante la incertidumbre mundial, haciendo que la onza de oro alcance nuevos records al venderse el jueves 18 de agosto en mil 825 dólares.
Mientras esto pasa, el Departamento del Trabajo de Estado Unidos anunció este jueves 18 de agosto, que han aumentado las solicitudes por desempleo a 408 mil, durante la semana del 13 de agosto, contra los 399 mil de la semana anterior; con lo cual, en el promedio de las últimas 4 semanas se situó en 402 mil 500. Con ello, el número de personas que reciben beneficios por desempleo se elevó a 3 mil 702 millones en la semana al 6 de agosto.
Pero no solo el desempleo está aumentando en los Estados Unidos, contario a la lógica económica, la inflación en julio creció en 0.5%, más que lo esperado, impulsado por el repunte de los precios de la gasolina, que crecieron en 4.7% después de caer en 6.8% en junio. Con ello, la inflación anual fue de 3.6%, mientras que el mundo continuará pendiente del plan económico que presentará en septiembre el presidente Barack Obama, con el fin de crear empleos e impulsar el crecimiento.
Pero este plan enfrentará la resistencia de los republicanos, pues no permitirán que se convierta en hereo, frente a las elecciones presidenciales de 2012, en una crisis que ello provocaron al cerrar los ojos en el gobierno de Busch.Uno de los ejes del plan Obama será, el compromiso para reducir el déficit presupuestario de más de 1,500 millones de dólares en ahorros en 10 años, lo cual tendrá repercusiones sobre la demanda de importaciones mexicanas a la larga; un déficit que se espera llegue este año a 1,600 millones.