Pareciera que sólo algunos de nosotros estuviéramos empecinados en hablar mal de México. El nuevo secretario de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade Kuribeña, ha señalado en la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de los bancos centrales del Grupo de los 20 (G20), de este fin de semana en Washington, que existe una muy buena percepción de México entre los inversionistas extranjeros, pese a la violencia y la inseguridad que vive el país.
Quizá los juicios del gabinete del gobierno sobre el país se basan en algo que la mayoría en el país hemos perdido, tener un espíritu positivo de las cosas frente a la adversidad; lo que quizá podríamos hacer si en lugar de un salario mínimo para vivir diariamente, o los 6 mil pesos de ingresos mensuales que suponía el anterior secretario tendríamos todos los mexicanos, ganáramos los más de 100 mil pesos mensuales de su salario, si fuera así la criminalidad sería mínima.
La responsabilidad del Secretario de Hacienda, del gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, y del Presidente ante los países del G20 y los centros financieros internacionales, por sus declaraciones o dichos, va comenzar a aumentar, a medida que se acerque el fin de año, pues México va recibir la presidencia de este grupo de países y tendrá la responsabilidad de coordinarlos en una coyuntura económica internacional muy complicada.
Par ello, deben considerar que la crisis iniciada en 2008, en lugar de solucionarse, continúa profundizándose debido al inmovilismo del G20, que se ha atribuido el derecho a dirigir los destinos de la economía planetaria al margen de la mayoría de los países y de la ONU, pero desde que estalló a la fecha, sus cumbres poco han aportado a la reestructuración del sistema financiero internacional y a la estabilidad de la economía mundial, menos aún a neutralizar la especulación financiera orquestada por las agencias calificadoras de Wall Street, responsables de buena parte de la crisis actual y las que hoy no sólo son odiadas por los latinoamericanos, que han sido sus víctimas tradicionales, sino por los propios estadounidenses y europeos, que han comprobado la verdad de las afirmaciones de los latinoamericanos en su contra.
Pero el G20 no ha solucionado ni la crisis ni ha nesutralizado el trabajo desestabilizador de las agencias calificadoras, el cual no han cesado. Mientras terminaba en Washington la reunión de ministros y gobernadores de los bancos centrales del G20; este lunes Moody ‘s Investors ha descalificado el plan de reducción del déficit propuesto por el presidente Barack Obama, el cual podría tener un impacto positivo sobre la calificación soberana de los Estados Unidos, al señalar que las posibilidades de que se lleva a cabo son « extremadamente bajas », mordiendo así la mano de su amo y echando más leña a la hoguera.
Puede ser que tenga razón la calificadora, pues con las medidas de ajuste impuestas a la economía estadounidense, que afectarán el consumo interno y como consecuencia la demanda, el déficit de los Estados Unidos se hará más difícil de resolver, debido a que las medidas de política económica pueden provocar un menor crecimiento económico al estimular el ahorro.
Pero el trabjo es complejo para los funcionarios de los países del G20. Steven Hess, analista de Moody, ha señalado que el plan podría provocar una trayectoria descendente de la deuda durante la próxima década, pero sólo si es apoyado de un crecimiento económico constante, pero cree que el crecimiento económico de ese país se mantendrá muy por debajo de su potencial, al menos hasta 2012, y estará por debajo de la tasa de crecimiento de todas las proyecciones incluidas en el plan, según él.
No hay mundos perfectos, sólo posibles y reales. Mientras se quiere posicionar a México como un oasis en medio de la crisis, pese a la violencia en que se vive, resultado de la descomposición social provocada por la crisis y la corrupción, la realidad de una desaceleración de la economía estadounidense y su entrada a una nueva recesión es más creíble, con resultados negativos sobre las exportaciones mexicanas y el crecimiento de la economía, que deberían tenerse en cuenta a la hora de aprobar el « paquete económico para 2012″, pues lo importante es reconocer la gravedad de la situación actual y buscar soluciones, no negar la realidad que no es posible ocultar hoy.
El cuasi candidato del PAN a la presidencia, Ernesto Cordero, perdió la oportunidad de proyectarse como un hombre de Estado. No solo han sido sus desatinos en sus juicios sobre los ingresos de los mexicanos y su capacidad de pago con los 6 mil pesos mensuales que supone, que al menos tiene cada uno de nosotros, lo que nos hace un país desarrollado que ha superado la marginación y la pobreza, lo que lo ha hundido en sus aspiraciones presidenciales, sino el no haber aprovechado la oportunidad de hacer un cambio en la política económica que han seguido los gobiernos de su partido hasta hoy, la cual no es diferente a los que los dos últimos gobiernos del PRI adoptaron, pues en esencia, el aparato del Estado quedó intacto después de estos años de gobierno del PAN.
Es cierto que durante este gobierno ha surgido un pequeño grupo de jóvenes tecnócratas panistas que dirigen secretarías y subsecretarías de Estado, Direcciones Generales y de área, pero en esencia la conducción de la política económica, por miedo a descarrilar la « máquina » de la economía nacional o por falta de visión, ha seguido la misma filosofía y las mismas metas, guidadas por los objetivos de inflación del Banco de México y el deseo de presentar un escenario macroeconómico de México como si este fuera un país desarrollado y alejado de la violencia y de la inseguridad que hoy vive, en cuya base están los resultados de la política económica seguida hasta hoy, alejada de la búsqueda de una mejor redistribución de la riqueza, de propiciar el desarrollo integral de todos los ciudadanos, garantizándoles el acceso a la educación y al empleo, cuyos programas clientelistas y electorales de oportunidades y del seguro popular, han sido incapaces de ocultar la realidad lacerante del país.
Cordero pudo haber estructurado y propuesto un « paquete económico » para 2012 que lo proyectara como un hombre de Estado, tenía la forma de hacerlo, pero no lo hizo y perdió su oportunidad; en lugar de ello presentó un programa económico para seguir administrando la economía mexicana, para seguir manteniendo las estructuras heredadas del PRI.
Por eso, cuando los diputados del PAN, al discutir la glosa del quinto Informe de gobierno y el debate parlamentario del « paquete económico 2012″, cuestionan la política monetaria seguida por los gobiernos del PRI, sus alegatos y criticas carecen de fundamento, pues ésta política no ha experimentado cambio alguno en 11 años y uno de los resultados de ella es el incremento del desempleo, más allá de la cifras oficiales, la sobrevaluación del peso en más del 30%, proyectando la ficción de un peso fuerte que, sin la intervención del Banco de México, comenzará a derrumbarse para situarse en 15.50 pesos por dólar, mostrando la verdadera realidad de la moneda mexicana, tan real como los millones de desempleados y el aumento de la inseguridad.
La economía mexicana requiere reformas estructurales, es cierto, pero no las reformas que hagan de los 48 millones de mexicanos en condiciones de trabajar trabajadores eventuales, cuyos patrones pueden despedir cuando quieran, trabajadores que pierdan sus derechos a favor de las empresas; la economía mexicana requiere reformas reales, es verdad, pero aquellas que entiendan que la economía nacional no puede seguir atada a las suerte que corra la economía de los Estados Unidos, a donde van el 80% de todas las exportaciones, de aquellas que sean capaces de entender la necesidad de impulsar el consumo interno para sustituir la perdida de los mercados externos de los productos nacionales, de la que permitan a las empresas aumentar los empleos y las inversiones, pero no de las reformas que han aumentado los impuestos y reducido los ingresos de los hogares y de las empresas, de las que califican la crisis que estalló en 2008 de catarrito, de las que no ven la recesión mundial que se avecina y sieguen pensando que México es el líder de América Latina, obviando que Brasil lo ha desplazado hace tiempo.
La crisis de la deuda en Europa continúa marcando la pauta del desarrollo de la crisis económica global que enfrenta le economía de mercado desde el 2008. El Grupo de los 20 (G20) sigue en su rol de conductor de la economía mundial, al margen del resto de los países del planeta, sin resultados tangibles para restituir el equilibrio de la economía mundial y cada vez más preocupado por el descabalamiento de las economías desarrolladas.
Los ministros de finanzas y de los bancos centrales del G20, se reunirán en Washington esta semana para discutir como los países superavitarios o deficitarios deben actuar para contribuir a reequilibrar la economía mundial, lo que deberá desembocar en una discusión sobre el régimen de cambio y el rol del dólar en el comercio mundial. Con ello, el planeta va a vivir una sesión más de la guerra monetaria de baja intensidad, que ha caracterizado estos meses de tira y afloja entre los Estados Unidos, la Unión Europea y China, donde países emergentes como México se han mantenido a la zaga con una moneda sobrevaluada en 30% sobre su verdadero valor real (15.50 pesos por dólar), restando competitividad a los productos mexicanos de exportación.
Es evidente que la agenda del G20 estará cubierta por las discusiones en torno a la posible recesión y a las medidas para reactivar la economía mundial, a fin de evitar la profundización de la crisis económica actual que enfrenta el capitalismo. Pese al control que ejerce China sobre la economía de los Estado Unidos, de quien es su principal acreedor, y de la economía mundial, los países desarrollados de accidente van a seguir insistiendo en la necesidad de reevaluar el yuan y en decirle a China que haga lo que viene haciendo desde el 2009, estimular el consumo interno, gracias al cual su economía ha seguido creciendo en medio de la crisis.
El problema es más grave que un yuan subvaluado, se trata de que los países desarrollados de Europa, los Estados Unidos y Japón, enfrenten su déficit de manera exitosa; de hacer por primera vez lo que la globalización ha impuesto a las economías nacionales, la concertación de medidas de política económica para reequilibrar la economía mundial. Lamentablemente, de esa concertación probable, surgirá la imposición de este grupo de países al resto de países del planeta y los desequilibrios entre países del norte ricos y del sur pobres, seguirá marcando el abismo que divide el planeta para redefinir un nuevo orden económico mundial.
Este jueves el Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló que la situación económica mundial se está deteriorando y los riesgos para el crecimiento económico van en aumento. Gerry Rice, portavoz del FMI, dijo que la economía mundial se desacelera aún más y los riesgos van en aumento, por lo que la institución económica mundial se ve quebrantada, según la perspectiva del FMI.
Bajo ese contexto, el vocero del FMI justifica la baja de las tasas de interés del Banco Central de Brasil anunciada el primero de septiembre y señaló que « por lo que entiendo, el Banco Central de Brasil hizo hincapié en los riesgos para las perspectivas de Brasil al tomar esa decisión ». Según la agencias, el vocero del Fondo se negó en decir si la decisión del Banco de Brasil o había sido correcta o no para el FMI.
Existe el consenso en el FMI de que la situación económica global se ha deteriorado y se han incrementado los riesgos para los países y los inversionistas. Esta tendencia negativa sobre el crecimiento de la economía planetaria va en aumento, lo cual seguramente va encarecer el costo del capital, que deberá correr más riesgos, sobre todo para aquellos países que hoy requieren prestamos inmediatos como: España ,Grecia, Irlanda e Italia, lo que en este momento, no es el caso de México, por la acumulación de reservas y la programación de los pagos de su deuda externa.
De todas formas, bajo esta oscura perspectiva del FMI, habrá que esperar la publicación de las nuevas perspectivas este 20 de septiembre, perspectivas económicas mundiales que seguramente no serán nada halagüeñas para muchos países desarrollados y aquellos en vías de desarrollo. Para México, debido a su dependencia del mercado de los Estados Unidos y la desaceleración de su economía.
Según un proyecto revelado por la agencia de noticias italiana Ansa, el FMI reducirá a 4.0% contra 4.3% en junio su pronóstico para la economía mundial en 2011, en su revisión, incluyendo la disminución del crecimiento en los países de la zona del euro.
Esperemos que la propuesta de paquete económico para 2012 considere este panorama mundial y no surja de un mundo que solo existe en la mente y en la ficción de quien propone una política económica que en los últimos 20 años no ha sufrido cambios relevantes, a no ser por el aumento en los impuestos en época de crisis, que no han contribuido a la creación de nuevos empleos.
El paquete económico para 2012 propuesto por el poder ejecutivo al legislativo ha sido entregado y está en proceso de discusión. Lo lamentables de esta propuesta de política económica, en el marco de la profundización de la crisis económica internacional que estalló en 2008, es que el crecimiento esperado de 3.5% para 2012 de la economía mexicana y de 3.9% para 2013, solo es una proyección econométrica que depende de la salud de la economía estadounidense, de la cual espera la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) que crezca en 2.1% el próximo año y en 3.2% en 2013, pues de su estado de salud dependerá que México siga exportando el 80% del total de sus exportaciones anuales a Estados Unidos y las empresas exportadoras puedan seguir generando empleo e ingresos en divisas para México.
Es extraordinariamente optimista la propuesta macroeconómica de la SHCP para 2012, ella sigue sin ver la pérdida del poder adquisitivo de los sueldos y salarios y los millones de mexicanos que no tienen empleo o que trabajan en la economía informal vendiendo productos robados, piratas, vencidos o desechos que en los países desarrollados, por problemas de salud pública, han sido descartados y terminan en los países en desarrollos y pobres del planeta. Para esta propuesta los más de 22 millones de desempleados y personas que no trabajan en la economía formal no existen.
El panorama macroeconómico de la economía mexicana para 2012 es envidiable para cualquier economía europea en crisis. Los gobiernos de Grecia, Portugal, España, Irlanda e Italia, estarían felices de poder presentar estos indicadores. Un crecimiento de 3.5% del Producto Interno Bruto (PIB); con una inflación de 3%; con un déficit en cuenta corriente de 1.4%, es decir, con una dependencia del ahorra del resto del mundo de 1.4% del PIB proyectado y con tasas de interés de 4.6%, en términos nominales y de 1.6% reales, las cuales jamás ven los ciudadanos enfrentados al pago de Costo Anual Total (CAT) infinitamente superior a estas tasas.
Solamente, según el Banco de México, entre junio de 2010 y junio de 2011, la tasa de interés efectiva promedio ponderada (TEPP) se redujo de 25.6 a 25%; mientras que los datos de junio 2011, representa una disminución de 10 puntos respecto abril; de tal suerte que los usuarios de tarjetas de crédito que no pagan la totalidad de sus consumos y sí intereses, entre junio de 2010 y junio de 2011, vieron que la TEPP solo pasó de 30.4 a 30.3%. Mientras que todos los usuarios enfrentaron tasas que fueron desde el 17.7 al 65%; pero el CAT que debieron pagar entre los bancos fue de 31.3 hasta el 99.3% ¿Para quién trabaja Usted y en qué le beneficia esta exitosa política macroeconomía expuesta en cifras en el papel?
Para que el PIB pueda crecer en 3.5%, como estima la SHCP, la demanda agregada de la economía deberá crecer en 5.4%. Quiere decir que el consumo debe crecer en 3.8% para logar ese fin, la inversión en 5.2% y las exportaciones en al menos 9.1%. Solo que para que los hogares, las empresas y el gobierno puedan consumir es necesario que tengan ingresos.
Las empresas deberán aumentar sus ventas para ello; los hogares deberán tener empleo para aumentar sus ingresos y su consumo, pero ambos, empresas y hogares, deberían pagar menos impuestos para poder disponer de más ingresos y poder invertir y consumir, lo cual difícilmente va a suceder en 2012; en tanto que el gobierno tiene como única fuente de financiamiento para aumentar el gasto público a los impuestos, los que se verán mermados si aumenta el deterioro de la economía mundial, debido a que las empresas verían reducidas sus exportaciones y l creación de empleos, pues una menor demanda de productos se va traducir en una reducción de su capacidad de producción y en menos mano de obra contratada, que afectará a los hogares al aumentar el desempleo.
Es precisamente a través de una menor demanda de bienes en el mercado, por la reducción de los ingresos de empresas, hogares y el gobierno, lo que al final obliga a los productores a bajar sus precios y con ello a obtener una menor inflación, como la proyecta el gobierno.
Los ingresos presupuestarios del gobierno se han calculado para 2012 en 3,282.0 miles de millones de pesos, 119.7 mil millones de pesos más que lo aprobado en 2011, justificado no por el aumento de impuestos, que este año se ha propuesto que permanezcan iguales, sino previendo el aumento de los precios del petróleo. Con ello el gobierno planea financiar un gasto de 3 billones 619 mil millones de pesos, 2 billones 800 mil millones de ellos corresponderán a gasto programable, es decir el destinado a cumplir con las funciones de las instituciones, dependencias y entidades del Gobierno Federal, incluyendo el gasto descentralizado de los estados y municipios en educación, salud e infraestructura, a través del Ramo 33 Aportaciones Federales para Entidades Federativas y Municipios.
En medio de una recesión anunciada en los Estado Unidos no existe una estrategia para sustituir con consumo interno la reducción de la demanda mundial de productos mexicanos, ni para crear empleos y estimular el crédito al consumo. Pese a las elecciones de 2012, ni los pobres, ni los desempleados ni los hogares esclavizados por las instituciones financieras, que han optado por usar sus créditos para sobrevivir, figuran. México es un país perfecto en las cifras, desgarrado por la realidad y por quienes se atreven a hablar mal de este país.