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Honduras y la democracia en peligro en América Latina

La experiencia de Honduras, un país gobernado hasta hace poco tiempo por militares, muestra lo endeble de la democracia en América Latina y el Caribe y la debilidad de sus instituciones. Los que vimos en los años sesenta y setenta en el mundo a los movimientos de liberación nacional batirse contra el colonialismo y neocolonialismo por su independencia, los que vimos a los movimientos políticos y sociales en los países latinoamericanos luchar contra las dictaduras militares que oscurecieron la historia del continente y por la democracia, no podemos aceptar la parodia que legisladores y militares han montado en Honduras ni ocultar las nauseas que sus mentiras y comportamiento nos provocan. 

La vieja y trasnochada clase política de Honduras y lo que queda de los gorilas militares que gobernaron a Honduras durante décadas hasta hace 28 años, olvidaron que el mundo ha cambiado y que en el propio Estados Unidos con Obama, se está produciendo un cambio en sus relaciones con América Latina y el Caribe, por lo que ésta vez no tendrán el apoyo de Washington ni su protección y si su condena por el golpe de Estado y la ruptura de los causes democráticos de la vida institucional en ese país; tal como lo han condenado todos los países del continente y la Unión Europea. 

Ha sido vergonzoso para la democracia en América Latina acudir este fin de semana a un espectáculo circee en el congreso nacional de Honduras, observar los alegatos de los congresistas y peroratas, tratando de curarse en salud de sus acciones e insistirle al mundo que no había un golpe de Estado, sino de transición democrática a un problema constitucional. Sí hubiera sido así, cómo explicarse la detención y expulsión en pijama de su país del presidente electo, Manuel Zelaya; cómo explicarse la existencia de una renuncia firmada el 25 de junio por el presidente en ese congreso, sin que el presidente la hubiera firmado.  Es obvio que Roberto Michelletti, presidente del congreso y hoy presidente de facto de Honduras, ha sabido encaminar su rencor y odio contra Zelaya, luego que hace 6 meses no ganara la precandidatura del partido liberal a las próximas elecciones del 29 de noviembre y se profundizaran las discrepancias entre ellos. Sus intervenciones en el congreso de su país, al recibir la designación de presidente por el congreso y luego en su discurso al asumir la presidencia, agradeciendo a sus amigos que portaron uniformes en otros tiempos y lo han apoyado ahora para llegar a fortalecerlo en su lucha, todo ello muestra lo mezquino de las disputas por el poder y de lo que están dispuestos a hacer aquellos que lo desean, en México aún están abiertas las heridas de los asesinatos políticos que antecedieron la presidencia de Ernesto Zedillo. 

Así, se ha sentado un precedente negativo para la democracia en América Latina, en el cual el poder judicial y legislativo, pueden deponer al presidente, representante del poder ejecutivo, si discrepan con sus posiciones o sus acciones, usando para ello al ejercito. Será este el nuevo formato de los golpes de Estado que le esperan a América Latina. Sí el narcotráfico y el crimen organizado llegara a controlar en México a uno de los poderes, usarían este poder para oponerse al otro que los combate, para someterlo. Evidentemente ésta no es la democracia a la que aspiramos. 

Pero en Honduras vemos una clase política despótica que desprecie la voluntad popular y su fuerza, que los ha llevado a asumir cargos de elección popular y en muchos casos amasar su riqueza con ello. Qué tan lejos está México de un escenario igual al que hoy nos muestra Honduras y cuál es realmente la fortaleza de las instituciones creadas después de la revolución de 1917, en particular para resistir estos embates y combatir la ilegalidad.  En México, las próximas elecciones del 5 de julio, mostrarán el nivel de descontento popular con la clase política que ha amasado su riqueza reciclándose en los diferentes niveles de gobierno, asumiendo uno y otro cargo público, al margen de su capacidad y que exige la reelección de los legisladores, enquistada en el corazón de la patria, viviendo de por vida del erario público y haciendo de las instituciones del gobierno su propiedad privada, su exclusividad, despreciando la capacidad de los ciudadanos para gobernarse y dirigir las funciones del Estado. Pero ello, ni lo cerrado de las elecciones presidenciales pasadas ni los resultados de la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, pueden ser excusa para un golpe de Estado. 

Es imprescindible aprender de la experiencia de Honduras y no esperar a que se presenten circunstancias similares en México. Hoy ante la posibilidad de que tengamos el primer congreso no representativo de la voluntad popular, es inaplazable refundar al Estado y sus instituciones y delimitar las funciones entre los diferentes poderes, pues al margen de que el presidente tenga mayoría o no dentro del congreso, es necesario rescatar lo que en Francia fue una premisa del poder durante los últimos años: la cohabitación. Nada justifica hoy un golpe de Estado menos aún el desprecio a la voluntad popular. 

 

 

 

 

 

 

 

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Artículo del Martes 30 de Junio

Par Enfoque Global le 8 juillet, 2009 dans Análisis Económico de Coyuntura

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